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Si usted lleva su coche a un taller y en lugar de solucionarle el problema se lo estropean más, no sólo no dejará de llevarlo a ese sitio, sino que iniciará los trámites legales para que le solucionen el desaguisado, y por supuesto si esto se repite no dudo que los mecánicos en cuestión acabarán en el paro. Sin embargo dejamos nuestros hijos, nuestro bien más preciado, en manos de gente manipuladora y no somos capaces de exigir responsabilidades a los que los manejan, que deberían ser puestos ipso facto en la calle. Viene esto porque pasaba el otro día delante del edificio de Presidencia de Mérida y me topé con una manifestación de niños y adolescentes, con algunos adultos que conducían al grupo. Aparentemente nada extraño, estamos acostumbrados a estas movidas, y estamos en democracia, claro que al ser menores de edad, ya hay un matiz, que sería adecuado reflexionar, cuando en estos temas de los menores, se la cogen con papel de fumar. Pero hasta ahí puede pasar, ya no me gustó que las únicas banderas, una de ellas enorme, eran esas de fantasía, ya que legalmente no existen, que son las llamadas republicanas, con la franja morada en el inferior, cuya historia supongo que desconocen los portadores de la misma, pero si algún día sale a cuento, la contaré, en donde el mito y el desconocimiento histórico andan parejos. Pero lo que me desagradó y me puso los pelos de punta, en lo que implica la existencia de una educación sectaria por parte de quien sea y por supuesto poco respetuosa, fue cuando empezaron a tocar las palmas y a saltar, festivamente, gritando repetidamente“¡hijos de puta¡” ¿Qué están haciendo los presuntos educadores con nuestros hijos? Bien está protestar por una situación de recortes. ¿Pero hay que faltarle al respeto a los demás? Supongo que en la mente de los adolescentes esto sería hasta divertido. Pero esta supuesta normalidad, en su criterio, tiene sus consecuencias. Al día siguiente un grupo de unos cincuenta muchachos, la dirección del colegio afirma que fueron unos cien, posiblemente los mismos que gritaban delante de Presidencia, asaltaron el Colegio de los Salesianos de Mérida, haciendo pintadas, metiendo mangueras de agua por las ventanas para inundar las clases, produciendo lesiones a una señora y gritando “¡Dónde están los curas que los vamos a quemar¡”. ¿Hasta dónde ha llegado la comida de coco de estos muchachos, para parecerles normal y posiblemente una actuación festiva lo que han hecho? Es cuestión de pedir responsabilidades, no a ellos, sino a aquellos que les han llevado a hacer tal cosa. No hay que pedir responsabilidades al coche que llevamos al taller, sino a aquellos que lo han reparado mal y que han hecho que no funcionara bien, y han producido un daño en el mismo. Hay quien ha confundido democracia y libertad de expresión, con mala educación, falta de respeto al prójimo y supeditación de los derechos de los demás a los míos propios.