Durante los últimos 20 años hemos avanzado muy positivamente en las
políticas sociales de integracion laboral y social de los
discapacitados. Como colofón se aprobó la ley de la dependencia con un
excelente fin pero que dadas las circunstancias económicas en las que
vivimos con no suficientes medios económicos.
Centrándonos en nuestra región he de decir que aunque no contamos
con tanto presupuesto como otras Comunidades Autónomas siempre se ha
respetado las partidas destinadas a los proyectos sociales, lo que es
digno de valorar aunque deberemos de seguir trabajando mucho para poder
paliar todas las carencias que a día de hoy seguimos teniendo.
Pero mi
reflexión quiero centrarla en las ayudas destinadas a jóvenes con
discapacidad psíquica en las cuales vengo observando con tristeza que
muchos padres sacrifican la evolución educativa y formativa de sus
hijos para sí poder cobrar las prestaciones de la ley de la dependencia
o dicho de otra manera durante los 20 años hemos luchado para
integrarlos en la sociedad y ahora con más medios pretenden volverlos a
encerrar en sus casas quedándose los familiares con las ayudas
económicas.
Pediría a técnicos y responsables que miren con lupa estos
casos pues el daño y retroceso que puden surgir estas personas es
irreversible.