Pocas veces vemos el Gran Teatro a rebosar de tanta gente joven, mayoritariamente quinceañeras, que desde el principio se mostró como un público entregado a reír o reírse de las “tontadas juveniles”, o sea de sí mismos, de los problema de usar tanto el móvil, sobre todo si son de última generación y del “chateo” o de cómo hacer fotos o grabar con ellos, de las nada fáciles relaciones de las niñas con sus mamás o de cómo moverse en pandilla, con algunos tipos, hasta de ir juntas al baño, etc.
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Se entiende lo de “monolocos”, por lo disparatado o descabellado de sus asociaciones constantes, cogidas por los pelos o bastante inesperadas: como “boutades”, exabruptos, frecuentes tacos u osadas e improbables situaciones juveniles, que a este risueño público les parecían “guay”, divertidas o cotidianas: un fenómeno sociológico para que los educadores o padres intentemos entender a esta “loca juventud tan pasota”.
Este joven ídolo de la TV, vestido como cualquier adolescente, les hablaba en su argot o jerga juvenil, salpicando de tacos, tía-tío, inverosímiles situaciones, pero que de puro absurdas e inesperadas, provocaban la carcajada y frecuentes aplausos, como en cualquier sesión del Club de la Comedia” se tratara, donde David ha destacado, además de otros programas.
A todas luces se mostró como un gran comunicador, sabiendo cambiar de registro, de tono, de ritmo, de intensidad oral, de destinatario: o sea sabiendo interactuar, provocar, metiéndose con algunos que tenían el móvil abierto o que intentaban grabarle. Ël preguntó por los cumpleañeros de la sala, a los que le dedicó una canción final “romántica”, a base de las más dispares y raras palabras que le propusieron, coreándolas todos con un gran espíritu festivo, que les debió complacer grandemente a toda la concurrencia, todos se partieron las manos aplaudiendo y las mandíbulas de tanto reír.
La inestabilidad se acentuará en la jornada del viernes. Volverán a crecer nubes de evolución en las comarcas del sur de la comunidad. Nubes que es probable que dejen algunos chubascos que puntualmente irán acompañados de tormenta
Georges Moustaki, cuyo verdadero nombre era Giuseppe Mustacchi, había nacido el 3 de mayo de 1934 en Alejandría, de padres greco-judíos emigrados a Egipto. Se trasladó a París en 1951 donde conoció enseguida aGeorges Brassens quien le introdujo en la vida nocturna de Saint-Germain-des-Prés. Dice la leyenda que fue en su honor por lo que adoptó el nombre de George, con el que se le conocerá como cantante en el mundo entero.