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Félix Pinero
Martes, 23 octubre 2012

LA CAÍDA DE LOS PILARES DEL ESTADO DE BIENESTAR

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El pasado 9 de octubre, el ex presidente del Gobierno, Felipe González, afirmaba en La Sexta TV que “la clase media es la que más está sufriendo la crisis “, para señalar a continuación que “el Estado de bienestar es un sistema de redistribución de la clase media”. El ex presidente apuntaba que se estaba produciendo un “desmantelamiento del Estado de bienestar” y “al modificar el sistema de redistribución con políticas de recortes, hemos activado una máquina de destrucción de la clase media, que es el fundamento de la democracia”, sin que existiere razón alguna para que sucediere.


            Parece que la clase dirigente española ha olvidado, al rebufo de la crisis, el artículo 40 de la Constitución, que afirma que “los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica” y “de manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo”, en concordancia con el artículo 35: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo… y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”.


            Nada parece indicar que se cumplan los buenos deseos de los constitucionalistas españoles, avalados en su día en referéndum por la inmensa mayoría de los españoles (87,78 por ciento de los votantes), ni siquiera la letra y el espíritu de la segunda reforma constitucional, de 27 de septiembre de 2011, del artículo 135, que “persigue garantizar el principio de estabilidad presupuestaria…, reforzar el compromiso de España con la Unión Europea y garantizar la sostenibilidad económica y social”, derivado del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la zona euro.


            Felipe González construyó la mesa que habría de asentarse sobre los cuatro pilares del Estado de bienestar: en 1984 establece por ley orgánica el derecho a la educación; en 1986 se aprueba la Ley General de Sanidad, que confirma la asistencia sanitaria gratuita de altas prestaciones e igual para todas las personas; en 1990 implanta las pensiones no contributivas. En 2004, el ex presidente Rodríguez Zapatero profundiza en el Estado de Bienestar con la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia (la Ley de la Dependencia), el cuarto pilar del Estado de bienestar, además de las políticas de igualdad y de nuevos derechos sociales.


            No parece que al partido en el Gobierno le guste mucho el Estado de bienestar, porque ya ha metido mano en Sanidad, Educación y Dependencia, y hasta en la hucha de las pensiones para hacer frente a los pagos de prestaciones por desempleo. Crece el desempleo y el umbral de la pobreza; los pensionistas financian la sanidad mediante el copago; obstaculiza el desarrollo de la Ley de Dependencia; desmantela la educación publica y deteriora la sanidad también pública. Restringen medicamentos, reducen camas, no pagan a las farmacias, suprimen becas; echan a los interinos; los enfermos son despedidos aun estando de baja; los funcionarios se quedan sin la paga de Navidad,  pero tendrán que cotizar por el dinero que nunca perciban… Ya nos califican como “bono basura”. Todo va quedando roto, destruido, difuminado, en el Estado de bienestar, y falta por llegar el rescate, a no ser que el Presidente Rajoy espere a ver qué pasa el 25 de noviembre en Cataluña y termine por ahogarnos del todo, con rescate o sin él.


            Carme Molinero, profesora de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro del Centro de Estudios Históricos sobre las Épocas Franquista y Democrática (CEFID/UAB), afirma en su ensayo “La política social del régimen franquista. Una asignatura pendiente de la historiografía” , “en España no puede hablarse de Estado social hasta la instauración del régimen democrático, dado que tal concepto conlleva –además de un mayor volumen de prestaciones sociales— una voluntad redistributiva y una aplicación universal, que no se dieron durante el franquismo”; sin embargo, muchos empleados públicos y los entonces llamados “productores”, lamentan ahora los “puntos” perdidos del Plus de Cargas Familiares de 1942, que tenían en cuenta el matrimonio y el número de hijos del trabajador, y se preguntan ahora, con el Estado de bienestar en la UCI, qué se ha hecho de él en los últimos treinta y siete años, dado que lo que el pasado instauró como derechos, son hoy fantasmas del mismo.


            En 1976, los trabajadores españoles tenían cubiertas las siguientes contingencias por parte del Estado: seguro de desempleo, subsidio de vejez, invalidez permanente total, invalidez absoluta, gran invalidez, discapacitados y disminuidos, subsidio de ancianidad, enfermedad común no laboral, subsidio familiar, protección a las familias numerosas, asistencia médica y hospitalaria, vacaciones retribuidas, descanso dominical y días festivos, pagas extraordinarias de Navidad y 18 de julio,  pagas sobre beneficios, convenios colectivos, representantes sindicales liberados, jurados de empresa, representación en consejos de administración de las empresas… Si se pudieron hacer tantas mejoras sociales con menos riqueza, cómo es que ahora, para poder subsistir sin que nos intervengan, se recortan las mejoras sociales conquistadas aun antes de la democracia.


            El café para todos es lo que ha traído: del partido único al pluripartidismo, del sindicato vertical a los sindicatos chupópteros; de una radio y televisión únicas a decenas de ellos, que nadie ve ni oye; aparatos partidistas como agencias de colocación; el fraude fiscal y la corrupción bendecidas por el aparato, y una casta política capaz de arruinar al país y su clase media con tal de salvarse a sí mismos y a los suyos. Hasta ahí hemos llegado, aunque aquí nadie dimite ni por twitter, pese a que se pida por todas las redes, porque “España –como dijere aquel otro—va bien.” ¿Para quién? Será para los suyos, acaso.

 

           

           

 

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