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DEX
Martes, 30 octubre 2012

Sin investigación no hay futuro

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Mejorar la presencia de la I+D en nuestro tejido productivo requiere inyectar en el mercado laboral personas altamente cualificadas y un buen número de doctores habituados a las tareas de investigación y de exploración de caminos nuevos e ignotos. Pero lejos de ello los recortes están llevando por ejemplo a la disminución del número de doctores.

Merece la pena que nos preguntemos por qué la crisis está afectando a España más que a otros países. Y no me refiero sólo a qué la haya causado, sino fundamentalmente a sus repercusiones en cascada y sobre todo a las dificultades para salir de ella con razonable rapidez. Aunque no hay una única causa, hay un consenso generalizado en una variable muy significativa: la economía española, nuestro modelo productivo, no está lo suficientemente basado en la investigación, el desarrollo y la innovación. Si queda alguna duda, basta recordar que el gasto global en I+D+i en España en 2011 fue del 1,38% del PIB, mientras que la media de la Unión Europea fue del 2% y en Alemania, por ejemplo, se situó en el 2,8%, es decir más del doble. Y aunque sea obvio merece la pena insistir que no estamos hablando de cantidades absolutas sino de la proporción de lo producido en el país, que se dedica a I+D.

Por eso, con un diagnóstico tan claro, no se entiende cómo desde 2008, cuando la crisis estalla de modo inexorable, la respuesta de los Gobiernos sucesivos ha sido una reducción sistemática de las partidas dedicadas a I+D en los Presupuestos Generales del Estado, estrangulando de ese modo lo que debería ser la mejor (por no decir la única) vía sólida de salida de la crisis. Reducción que llega al paroxismo en el año 2012 con un recorte superior al 25%, nueve puntos superior a la media de recorte de los distintos ministerios. ¿Qué mensaje extraer de ahí? Claramente, que la inversión en I+D+i es prescindible. Al menos la pública. El Gobierno repite machaconamente que nuestro principal déficit en I+D procede del sector privado y que por tanto debe ser la financiación privada quien rellene las lagunas dejadas por el retroceso en la financiación pública. Y con ello está dejando el sistema público de I+D en una situación precaria y casi insostenible.

Es cierto que la inversión privada en España en I+D es escasa: del gasto en I+D en 2010 sólo un 40% era de origen privado, mientras en la UE este porcentaje se acerca al 60%. Pero pensar que esto va a cambiar de la noche a la mañana sin una estrategia específica para ello, es absurdo, y el Gobierno lo sabe. En primer lugar porque el 90% de nuestras empresas son pequeñas y medianas empresas y más del 30% incluso difícilmente pueden catalogarse así al contar con menos de 5 empleados. Todo ello configura un tejido empresarial de difícil penetración para la innovación, que precisa de estrategias e incentivos bien definidos.


eldiario.es

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