Con motivo de la celebración de los Santos recordamos cuánto hay que pagar por morir.
La muerte se ha
convertido, en épocas de crisis, en un artículo de lujo cuyo coste se ha visto
incrementado este año a causa de la subida del IVA que se aplica a los
servicios funerarios, un
sector que capea el temporal gracias a que alrededor
de la mitad de la población española cuenta con un seguro de deceso.
"En los tres últimos años estamos viendo que la gente se lo piensa más a la hora de gastar dinero en elementos complementarios como las coronas de flores o en la calidad del ataúd", ha explicado el consejero y director general del Grupo Mémora, Eduard Vidal.
En España, donde según datos del Instituto Nacional de Estadística, el 21,8 por ciento de la población se encuentra por debajo del umbral de riesgo de pobreza y el 26,1 por ciento de los hogares tienen dificultades para llegar a fin de mes, el coste mínimo de un servicio funerario básico no baja de los 900 euros, aunque el gasto medio se sitúa en los 3.700 euros.
Desde el pasado 1 de septiembre, además, el tipo impositivo que se aplica a estos servicios ha pasado del 8 al 21 por ciento, lo que representa un encarecimiento medio de 300 euros y sitúa a las familias españolas a la cabeza de las que más IVA pagan en Europa por enterrar a sus fallecidos, según denuncia el presidente de la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (PANASEF), Juan Vicente Sánchez-Araña.
El sector, sin embargo, se mantiene estable gracias en parte a que la tasa de mortalidad ha subido sensiblemente en 2011 -cuando murieron 389.182 personas- y porque aproximadamente la mitad de la población cuenta con un seguro de decesos que cubre en torno al 60 por ciento de los gastos funerarios, según señala el director general del Grupo Mémora.
No obstante, en esta coyuntura hay familias que llegan a gastar hasta 10.000 euros en la despedida de su ser querido, un precio que puede aumentar casi sin límites si se suman los numerosos servicios que en la actualidad prestan las funerarias.
El Grupo Mémora ofrece una serie de servicios que, "a pesar de que puedan parecer extravagantes", obedecen al objetivo de "acompañar a las familias en el proceso de duelo y ayudarles a interiorizar la pérdida".
Es el caso del diamante fabricado con cabello del difunto, cuyo precio mínimo son 1.000 euros. "Está pensado como un elemento de recuerdo basado en la idea de que un diamante es para siempre", indica Vidal, que apunta que es un servicio más frecuente en madres que han perdido a hijos de corta edad.
Con la misma intención este grupo ofrece también una joya con la huella digital del fallecido. "La joya se adapta y se serigrafía la huella del difunto y de esa manera queda personalizada para mantener el recuerdo de la persona", explica.
Su coste ronda los 250 euros en función del material, que puede ser oro o plata.
Otra opción es la conservación y preservación del tejido para obtener su mapa genético. "Se conserva por 150 euros en un laboratorio y a los cinco años puede optar por destruirlo, obtener el mapa genético o continuar guardándolo durante más tiempo", señala.
Vidal admite, sin embargo, que se trata de servicios "absolutamente minoritarios"; unos 60 u 80 diamantes al año y entre 25 y 30 conservaciones de tejido.
Son nuevas posibilidades de gasto vinculadas con la muerte a las que las familias pueden sumar las tradicionales esquelas, cuya implantación sigue siendo importante en comunidades como Navarra o País Vasco, y no tanto en Castilla La Mancha, Extremadura, Cataluña o Madrid, según se desprende de un estudio elaborado por esquelasonline.com.
También aquí las diferencias económicas pueden ser enormes. Así, los precios oscilan entre los más de 3.000 euros que cuesta publicar una esquela en un diario de tirada nacional, a los poco más de 70 euros que cobran en algún medio local.
Aún durante la jornada del martes seguiremos influenciados por la presencia de la bolsa de aire frío que nos afecta desde finales de la semana pasada. Poco a poco va perdiendo intensidad pero aún así le quedará energía suficiente como para generar nubes y algunos chubascos pero cada vez menos significativos.
Hay quien habla del síndrome de Robinson (Crusoe, por supuesto). Síndrome que se ha agudizado en España con la incorporación a nuestra estructura política y anímica, de las Autonomías. El síndrome de marras, podría resumirse en una frase clásica; “mirarse el ombligo”. Vivimos como en una isla, culturalmente aislados, podemos saberlo casi todo de nuestro entorno, pero desconocemos casi absolutamente todo del vecino.
Les confieso que hasta el pasado 21 de abril no sabía nada de él, ni de su pueblo, ni de su partido político . Fue en la Fiesta organizada por diferentes colectivos para celebrar el Día de la Tierra en Plasencia, que lo escuché hablar de la Red Terrae (http://www.tierrasagroecologicas.es ), una iniciativa que propone un banco de tierras para poner en contacto a agricultores y terrenos logrando establecer una soberanía alimentaria y dando cauce laboral a personas que debido a la carencia de terrenos no pueden acceder a un nicho de empleo que los hace felices.
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