En el corazón de Chile está sucediendo una tragedia que tiene
sobrecogido a todo el mundo. La cuenta en El país, con esa profundidad a
la que llegan los poetas, Francisco Peregil, extraordinario narrador
del drama y de la vida, y aquí cronista de una historia que excede
cualquier límite que la imaginación le imponga a la fantasía más
perversa. Cuando ocurre una cosa como esta que pasa en la mina chilena
se congelan los bolígrafos, el periodista tiene que sobreponerse a su
propia impotencia y escuchar tan solo los verbos de la realidad; la
desesperación no tiene adjetivos; a esta tragedia, como a tantas, le
resulta adecuada aquella invocación de Pepe Hierro, el poeta: "Sin vuelo
en el verso". Y eso es lo que hace Peregil, contar, sin vuelo en el
verso, lo que oye y lo que ve en ese espacio desolado en el que ahora
empieza y termina la respiración sobrecogida de Chile. Muchas veces
Chile ha salido al paso solidario de este país, cuando este país
agonizaba en otros tiempos y por otros motivos; Chile ahora vive una
agonía tremenda, como una pesadilla que ahora tratan de aliviar con la
respiración del cine o con la simulación de la nicotina. Como si
estuviera todo ese país haciendo un ejercicio de respiración, para
aprender a respirar al ritmo que deben estar haciéndolo aquellos 33
ciudadanos que cuentan los minutos como si fueran arenas terribles.
Ojalá la esperanza no sea sólo una palabra ahora.
Juan Cruz