Ayer por la noche se me ocurrió la
feliz idea de ir hoy al mercadillo. Es curioso que en cada pueblo, en
cada ciudad, en cada villa por pequeña que sea hay un día en el que
llega el mercado, en el mío son los jueves (ya sé, ya sé, hoy es
miércoles, pero es que ahora vivo en Cáceres). El caso es que un
mercadillo provoca un caos circulatorio y de gente ¡que más quisiera
las calles comerciales de las grandes ciudades!
Desde pequeñita mi
madre me llevaba al mercadillo, al jueves como en muchas ocasiones le
he escuchado decir a ella, de mi madre viene el amor al mercadillo, y
el comprar lo más barato posible. Qué entrañables eran esas mañanas de
verano cuando nos levantábamos tempranito y nos íbamos de compras, así
me explicaba ella, no nos encontrábamos tanta gente y podías coger las
mejores gangas. Cosa que parece que no aprendí porque al final hoy he
llegando al mercado a las 12 ¡Dios Mío! Las Marujas peleándose por los
trapos, a penas podía avanzar, pero bueno... Los gitanillos gritando
MARÍA, MARÍA BUENO Y BARATO!!!!!!!. Debo de empezar a seguir los
ejemplos de mi madre, que tan valioso son y tanto me empeño en
contradecir. En los mercados de los pueblos hay una variante de esta
situación, y es que aunque haya menos gente, la gente que hay se
conoce. Cuantas veces nos paramos al pasar de un puesto a otro a hablar
con fulanita o fulanito. Vamos que al final el mercado más bien se
convierte en un acontecimiento social donde todo el mundo se vuelve
loco rebuscando en montones de ropa y solo descansa para saludar y
aconsejar a tu vecina. Se vende casi de todo, pero sobretodo hay ropa,
ropa de marcas conocidas como: Adihash, Naiki,
Ribuk para la gente que le guste la ropa deportiva; o para la gente más
pija están los polos Lakost, los jerseys Ralf Lauryn y las bufandas
Vurverris. Todas hechas de una tela y una calidad envidiables, ¡al
mejor precio señora! Por no hablar de los chandals míticos de
combinaciones de colores que aún se están estudiando y que todos y digo
todos nos ha comprado nuestra madre en la adolescencia. Pues vosotros
fijaros que si miráis con atención todavía los podéis encontrar y
comprárselo a vuestro sobrinos o hijos. Otra de las ventajas de los
mercadillos es ver que a tu vecina con la misma camiseta, a mi me
encanta ir por la calle de mi pueblo y ver que la gente tiene el mismo
gusto que yo. Es típica la frase, a que te la compraste el jueves, oh!
Si y me valió 3 euros. El mercadillo es la mejor butik y la más barata
que te puedes encontrar.También hay venta de productos alimenticios
caseros que normalmente es de lo que más te puedes fiar en un
mercadillo aunque parezca mentira. Suelen ser productos que no se
venden en las tiendas pero no por falta de calidad sino por falta de
medios. De todas formas, también hay de todo y esos productos no han
pasado por ningún control de sanidad seguramente y a saber lo que
llevan, y de donde lo han sacado. En muchas ocasiones he visto algunas
furgonetas muy parecidas cerca de los huertos de mi pueblo. Pero si
están buenos...
Lo que no engorda mata... ¿O era al revés?Pero el
"stand" típico del mercadillo y que últimamente echo de menos es por
definición el puesto de la música. Que grandes autores y cantantes se
pueden encontrar en el mercado, que grandes cintas de cassette... ¿Por
qué mucha gente añora al vinilo y nadie añora al entrañable cassete?
Ese formato que como te despistases se quedaba enganchado en la
minicadena o en tu magnífico radiocassete de doble platina (¡oh! ¡oh!)
y perdías toda su música contenida dentro. El caso es que allí tienen
de todo: Los chichos, el Fary, Camilo Sesto, Queco,
en fin, la flor y nata de la música española.
Venga, que lo sé, que
estás deseando salir de casa para asomarte al mercadillo, a ver que es
lo que encuentras ¡baratito baratito señora! ¡que me lo quitan de lah
manoh!...
Kalikeñas