Martes, 7 septiembre 2010

Vara apuesta por el concepto de Extremadura y ve el modelo autonómico, agotado

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Redacción

El presidente del gobierno de Extremadura ha trazado un discurso que se ha basado en el concepto de lo autonómico, en la necesidad de la cooperación entre todas las autonomíaas para seguir construyendo una España global, en la información como fuente de comunicación sea los medios que sea, en la opinión negativa sobre los políticos para finalizar con la poesía que exhala la voz del último visitante del Teatro Romano emeritense, Serrat o los versos del oliventino Pacheco y reclama Guadalupe a la Iglesia desde la reivinicación de la sociedad civil

En un Teatro Romano luminoso y airoso, en un escenario en que estaba acompañado de los galardonados con la Medalla de Extremadura en este año 2010 y teniendo enfrente a muchos representantes políticos, entre ellos el jefe de la oposición popular, y unos cientos de ciudadanos, el presidente del gobierno de Extremadura Guillermo Fernández Vara ha trazado un discurso que se ha basado en el concepto de lo autonómico, en la necesidad de la cooperación entre todas las autonomías para seguir construyendo una España global, en la información como fuente de comunicación sea los medios que sea, en la opinión negativa sobre los políticos para finalizar con la poesía que exhala la voz del último visitante del Teatro Romano emeritense,  Serrat o los versos del oliventino Pacheco, amén de diversos retos que ha plasmado de soslayo y entre los que destaca la educación, la lucha contra el fraude fiscal, la PAC o la participación ciudadana, entre otros.

TEXTO ÍNTEGRO DEL DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA JUNTA DE EXTREMADURA

[Img #4731]Queridos extremeños y queridas extremeñas que estáis en cualquier parte de Extremadura, de España o del mundo. Mi afecto y mi felicitación para todos en la víspera de nuestro día. Como siempre, un recuerdo especial para los que nos dejaron (muy especialmente a los que nos dejagron ayer: Olga y Eduardo) y una cordial bienvenida a los que nacieron.

Hace unos meses, el Ayuntamiento en pleno de un pueblo de una comunidad autónoma vecina, Castilla León, pedía formalmente pasar a pertenecer a Extremadura. Cuando recibí oficialmente la petición, pensé que no dejando de ser una anécdota, era también todo un símbolo. ¿Alguien podía imaginar, al inicio de la andadura autonómica, que pasado un tiempo un pueblo, ciudadanos de otras partes, pidieran pertenecer a Extremadura?

Me gustaría reflexionar con ustedes sobre la fortaleza o debilidad de la sociedad en estos tiempos duros, complejos y cambiantes. Una sociedad con administraciones eficaces y ciudadanía emprendedora y dinámica es más fuerte. Pero las que son sociedades imbatibles son aquellas en las que se trabaja en común para lograr un objetivo. Tenemos un ejemplo claro con lo que ha ocurrido con los incendios. En el año más lluvioso en invierno y más cálido en verano de los últimos 10 años, la superficie forestal leñosa afectada ha sido un 86% inferior a la media de los últimos años. Y eso no es mérito de los gobiernos sino del conjunto de la sociedad. Las negligencias y accidentes han sido la mitad. Casi el 60% de los incendios han afectado a superficies inferiores a 1 hectárea. Los ciudadanos han sido mucho más diligentes, se ha avisado antes, los profesionales han vigilado, detectado y actuado con gran rapidez.
Esa corresponsabilidad del conjunto del cuerpo social, consecuencia del equilibrio entre los derechos y deberes que como ciudadanos tenemos, es lo que de verdad construye sociedades desarrolladas y modernas. Lo moderno no es siempre lo más novedoso, sino lo que inspirándose en valores de siempre como la responsabilidad, la solidaridad, la cooperación, la diligencia o el amor por el trabajo bien hecho, que tan bien definen el carácter extremeño, es capaz de encontrar las respuestas adecuadas al momento.

Tenemos por delante grandísimos retos como región, como país, como mundo. Destacar, por encima de todo, la importantísima destrucción de empleo y de tejido productivo, frente a lo que la sociedad está reaccionando, no sin dificultad. De lo que se trata no es de volver a estar bien como estábamos, sino a estar bien de otra manera, más sostenible y más equilibrada.

Para ello, estamos llevando a cabo cambios, algunos de ellos en profundidad, con el objetivo de que los que perdieron su empresa la recuperen, ésa u otra o de otra manera, y para que los que perdieron su trabajo lo encuentren, ése u otro, probablemente otro, en una economía que debe caminar por sendas que nos hagan permanentemente aspirar a ser más competitivos. Apelo aquí al valor del trabajo como el instrumento de emancipación del ser humano, algo a lo que jamás debemos renunciar.

Por eso quiero agradecer que sea precisamente en estos tiempos, en los que parece que en España en lo único que nos ponemos de acuerdo es en que no estamos de acuerdo en casi nada (que no sea el fútbol o el resto del deporte), hayamos sido capaces aquí, con los agentes sociales, patronal y sindicatos, y con los grupos políticos presentes en la Asamblea de Extremadura, de alcanzar un Gran Pacto Social y Político de Reformas por y para Extremadura, que se encuentra en plena fase de desarrollo de sus contenidos.

Tenemos importantes retos:
.- La mejora permanente del nivel educativo y de la cualificación profesional.
.- La financiación, internacionalización e innovación de nuestras empresas.
.- La lucha contra el déficit público y el fraude fiscal.
.- La nueva Política Agraria Comunitaria (PAC).
.- El uso adecuado de los recursos naturales y el medio ambiente.
.- La participación ciudadana y la iniciativa organizada en el tercer sector.
.- La simplificación de las administraciones públicas.

Todos ellos son retos tan importantes como para justificar un compromiso con Extremadura de todos y cada uno de nosotros.
Me van a permitir que en este acto haga también una reflexión sobre dos aspectos que me parecen muy importantes en estos momentos. Uno es la libertad de información, en un contexto en el que las tecnologías de la información y la comunicación nos invaden con nuevos espacios y fórmulas. A mí me puede gustar más o menos un periódico, una radio, un canal de TDT, o una web; me puede gustar más o menos la información que se dé y cómo se dé, pero sea la que fuere, siempre me gustará más lo que se diga que el silencio de una radio, la página en blanco de un periódico o la imagen en negro de una televisión.

Lo digo en tiempos en los que tanto medio puede abrumarnos a todos, incluido a ellos mismos por la difícil y dura competencia de captar lectores, oyentes o televidentes. Siempre podrás, si no te gusta lo que se dice, cambiar de canal, de emisora o de periódico. O simplemente picar en el botón izquierdo del ratón en la esquina de arriba de una página de internet. Como podrán entender, a mí no me gusta verse menospreciado o descalificado en medios y en comentarios publicados, pero son el precio de la libertad que cada uno pagamos, unos de una manera y otros de otra. ¿O es que acaso alguien pensó alguna vez que la libertad no tiene siempre un precio? ¿No merece la pena pagar para que exista esa libertad y la tengan incluso aquellos que la desprecian?

Otro aspecto es el derivado de las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y la política. Afortunadamente, los datos en Extremadura distan mucho de los generales de España, pero el hecho de que la política y los políticos seamos para los ciudadanos el tercer problema más señalado, debería preocuparnos seriamente a todos. No es solo un problema para los políticos, debería serlo para el conjunto de la sociedad. Se hace necesario, en estos tiempos sin fronteras y sin barreras en la comunicación, aprovechar los cambios que se están produciendo para transformar las relaciones entre gobierno y ciudadanos. De gobernar por y para los ciudadanos, a gobernar por, para y con los ciudadanos.

Dos son los ámbitos en los que creo que se puede y se debe avanzar, entre otro: la información que llega a los ciudadanos desde las administraciones y su permanente opción a proponer soluciones, y para ello podemos utilizar las redes sociales y las iniciativas en las que se puede trabajar. Junto a ello, y consecuencia del mismo objetivo, está la trasparencia. Mucho se avanzó, más nos queda por avanzar. La trasparencia genera confianza, la confianza deseos de participar en la vida pública. Por ello, si fuimos capaces de ofrecer en la web información sobre licitaciones y adjudicación, debemos ser capaces ahora de hacerlo sobre modificados y complementarios de los contratos o sobre todos aquellos que por su cuantía no salen a concurso público.

Lo mismo ocurre con los presupuestos que están accesibles para todos los ciudadanos y deben estarlo también en el futuro próximo las modificaciones que se vayan haciendo de los mismos con un carácter periódico a determinar, o con las normas que se vayan a aprobar con carácter previo a su aprobación, siempre que ello sea temporalmente posible para facilitar las aportaciones de los ciudadanos.

Creo que en un año como el vivido, donde “lo autonómico” ha sido noticia por las sentencias, los desencuentros y desacuerdos, y a pesar de la satisfacción que me produce el amplio grado de consenso logrado en relación con la reforma del Estatuto de Extremadura, merece una reflexión serena y meditada.

Creo, por tanto, que se hace necesario aportar por parte de cada uno, de cada comunidad, aquello que nos permita seguir avanzando como nación, como país, como Estado, como España, en definitiva. Mi opinión es que el actual modelo basado casi exclusivamente en la competencia del quién se lleva más, quién tiene los niños más listos o la población más alta, está agotado. Podremos seguir por ese camino. Pero no avanzaremos.

Si unos tienen su máxima aspiración en sentirse distintos y en serlo, los demás no podernos sumarnos a una estrategia permanente de reivindicación frente a España, porque eso es una situación diabólica.

Concebir el éxito de la política autonómica en términos de reivindicación frente a España, como parece en demasiadas ocasiones, es un camino equivocado por varias razones. Una, porque España no tenga quien la defienda en los territorios. Otra, porque los ciudadanos pueden acabar pensando que si a pesar de tantas y tantas transferencias, todo depende de Madrid, qué pintamos y para qué servimos los que estamos en las instituciones autonómicas.

Por eso, quiero en esta víspera del Día de Extremadura seguir defendiendo con pasión lo que representa Extremadura, no frente a España, sino como parte indivisible de ella. Por eso, quiero apostar de nuevo por un modelo más cooperativo que competitivo. Si no cooperamos más y mejor entre nosotros, entre los distintos pueblos de España, el modelo autonómico no puede seguir avanzando.

Un día, Juan Carlos Rodríguez Ibarra me llamó para trabajar por esta tierra desde la política. Y no sabe cuánto lo valoro años después. Hace unos meses, me expresaba en el Parlamento en términos muy parecidos:

“Me gusta Extremadura y me siento orgulloso de ser un Presidente, en una tierra llena de gente capaz y esforzada que asume con valentía las dificultades y ha decidido que no es el momento de arrugarse.”

“Me gusta Extremadura y creo en ella y en sus gentes, trabajadores y empresarios, docentes y sanitarios, en cuyas manos está parte de la educación de nuestros hijos y de la salud de nuestras familias.”

“Me gusta Extremadura, sus jóvenes de hoy. El 57% de la población extremeña tiene estudios medios y superiores frente al 80% de la población analfabeta o que solo tenía estudios primarios hace 27 años cuando nacimos como comunidad autónoma.

Me gusta Extremadura, y como alguien escribió en mi blog, Extremadura son sobre todo los anónimos que cada día la hacen posible. Todos ellos, sin exclusiones, desde la panadería donde fabrican el pan mientras duerme la mayoría, hasta los empleados de los servicios de limpieza que comienzan su tarea cuando se apagan las luces en los hogares.

Me gusta Extremadura porque sabe que para ser respetado hay que respetar, porque sabe aceptar la diversidad, porque conoce el valor de las familias en plural, porque da valor a la calidad de vida frente a la cantidad.

Por eso quiero pedir, más que nunca que, por encima de las diferencias, sigamos siendo capaces de poner en valor lo que nos une. Se llama Extremadura y mañana celebra su fiesta. Es también el día de la Virgen de Guadalupe. Como todos sabemos, no es una mera coincidencia. Es la voluntad de todo un pueblo de hacer coincidir su día con el día de su patrona.

Guadalupe no ha sido nunca, a lo largo de estos años, un motivo de discordia; nunca puede representar lo contrario que la concordia entre todos los extremeños.

Pero sí quiero, desde el mayor respeto, pedir a las autoridades de la Iglesia Católica que escuchen a una gran mayoría de extremeños organizados desde la sociedad civil. Que escuchen sus razones. No son políticas, no son culturales. Tienen que ver con el sentimiento. Sabemos que nada les obliga del todo. Por esos no aspiramos a vencer. Solamente a convencer.

Al comienzo de mis palabras hablaba de sociedades imbatibles. Para terminar les quiero hablar de sociedades mejorables. Y debemos reconocer que nos queda mucho camino por recorrer. Me siento desde hace muchos años incomodo al percibir que esa mujer con la que nos hemos cruzado hoy en la calle o en el supermercado puede morir por haber nacido mujer, víctima de los malos tratos. Hemos avanzado en la lucha contra esa lacra que tiene mucho de dominación y de ausencia de respeto por demasiados valores, pero no lo suficiente.

Y manifiesto también en la casilla de mi debe como gobernante, junto a otros ya manifestados, no haber sabido o no haber podido dar un salto más importante en la protección de los animales. Tenemos unas tasas de abandono de animales incompatibles con el mínimo respeto por ellos.

Tengo la suerte de mantener una ventana abierta con el mundo a través de internet. Hace un mes recibí un correo que me hizo pensar. Venía desde Suiza. Habían estado en Extremadura y casi todo les había encantado. Incluso les conmovió ver en Castañar de Ibor cómo abanicaban en la calurosa noche de julio unas niñas a su abuela en la puerta de la casa. Pero vieron demasiados animales abandonados. Y vieron la verdad. Nos queda mucho por hacer. Reconocerlo nos ayudará, me ayudará a seguir tomando medidas. Pero se hace necesario un cambio de mentalidad. “El perro deja de ser necesario cuando se acaba la caza”. Eso lo tenemos que cambiar, y no solamente con leyes.

Mi felicitación a los premiados con la Medalla de Extremadura, todos ellos tienen en común, de una u otra manera, la pasión, tan necesaria en cualquier faceta de la vida.

Joaquín o la pasión por los libros; Noelia, la pasión por el “no nos resignamos”; Jaime, por la convivencia en paz; Juan de Dios, por el deporte como escuela de valores; Ángeles, por la palabra; Víctor o la pasión por la medicina y la historia; Paco, por la enseñanza y la integración para la igualdad; Guillermo, por Guadalupe, nada más y nada menos y las Cooperativas Agroalimentarias de Extremadura o la pasión por nuestra tierra.

Manuel Pacheco, poeta oliventino y por eso extremeño, escribía a otros poetas extremeños (y un poco a todos nosotros). Y lo traigo aquí esta noche porque es difícil expresar mejor lo que quiero decir:

“Que el canto azul de Extremadura se ilumine de estrellas y pájaros, y encienda el alba en esta noche caída en la tierra que pisamos.

Escribo esta carta a Extremadura y a ti, que sientes su corazón de recios encinares, mieles y pan blanco.

Os pido unión, la poesía se mece en nuestros brazos, luchemos unidos por su lluvia buena.”
Y termino. Hace unos días, en este mismo escenario, Juan Manuel Serrat nos invitaba a no olvidar nunca el hambre en ninguna parte del mundo.

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