El presidente del gobierno de Extremadura ha trazado un discurso que se ha basado en el concepto de lo autonómico, en la necesidad de la cooperación entre todas las autonomíaas para seguir construyendo una España global, en la información como fuente de comunicación sea los medios que sea, en la opinión negativa sobre los políticos para finalizar con la poesía que exhala la voz del último visitante del Teatro Romano emeritense, Serrat o los versos del oliventino Pacheco y reclama Guadalupe a la Iglesia desde la reivinicación de la sociedad civil
En un Teatro Romano luminoso y airoso, en un escenario en que estaba acompañado de los galardonados con la Medalla de Extremadura en este año 2010 y teniendo enfrente a muchos representantes políticos, entre ellos el jefe de la oposición popular, y unos cientos de ciudadanos, el presidente del gobierno de Extremadura Guillermo Fernández Vara ha trazado un discurso que se ha basado en el concepto de lo autonómico, en la necesidad de la cooperación entre todas las autonomías para seguir construyendo una España global, en la información como fuente de comunicación sea los medios que sea, en la opinión negativa sobre los políticos para finalizar con la poesía que exhala la voz del último visitante del Teatro Romano emeritense, Serrat o los versos del oliventino Pacheco, amén de diversos retos que ha plasmado de soslayo y entre los que destaca la educación, la lucha contra el fraude fiscal, la PAC o la participación ciudadana, entre otros.
TEXTO ÍNTEGRO DEL DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA JUNTA DE EXTREMADURA
Queridos
extremeños y queridas extremeñas que estáis en cualquier parte de
Extremadura, de España o del mundo. Mi afecto y mi felicitación para
todos en la víspera de nuestro día. Como siempre, un recuerdo especial
para los que nos dejaron (muy especialmente a los que nos dejagron ayer:
Olga y Eduardo) y una cordial bienvenida a los que nacieron.
Hace unos meses, el Ayuntamiento en pleno de un pueblo de una comunidad
autónoma vecina, Castilla León, pedía formalmente pasar a pertenecer a
Extremadura. Cuando recibí oficialmente la petición, pensé que no
dejando de ser una anécdota, era también todo un símbolo. ¿Alguien podía
imaginar, al inicio de la andadura autonómica, que pasado un tiempo un
pueblo, ciudadanos de otras partes, pidieran pertenecer a Extremadura?
Me gustaría reflexionar con ustedes sobre la fortaleza o debilidad de la
sociedad en estos tiempos duros, complejos y cambiantes. Una sociedad
con administraciones eficaces y ciudadanía emprendedora y dinámica es
más fuerte. Pero las que son sociedades imbatibles son aquellas en las
que se trabaja en común para lograr un objetivo. Tenemos un ejemplo
claro con lo que ha ocurrido con los incendios. En el año más lluvioso
en invierno y más cálido en verano de los últimos 10 años, la superficie
forestal leñosa afectada ha sido un 86% inferior a la media de los
últimos años. Y eso no es mérito de los gobiernos sino del conjunto de
la sociedad. Las negligencias y accidentes han sido la mitad. Casi el
60% de los incendios han afectado a superficies inferiores a 1 hectárea.
Los ciudadanos han sido mucho más diligentes, se ha avisado antes, los
profesionales han vigilado, detectado y actuado con gran rapidez.
Esa corresponsabilidad del conjunto del cuerpo social, consecuencia del
equilibrio entre los derechos y deberes que como ciudadanos tenemos, es
lo que de verdad construye sociedades desarrolladas y modernas. Lo
moderno no es siempre lo más novedoso, sino lo que inspirándose en
valores de siempre como la responsabilidad, la solidaridad, la
cooperación, la diligencia o el amor por el trabajo bien hecho, que tan
bien definen el carácter extremeño, es capaz de encontrar las respuestas
adecuadas al momento.
Tenemos por delante grandísimos retos como región, como país, como
mundo. Destacar, por encima de todo, la importantísima destrucción de
empleo y de tejido productivo, frente a lo que la sociedad está
reaccionando, no sin dificultad. De lo que se trata no es de volver a
estar bien como estábamos, sino a estar bien de otra manera, más
sostenible y más equilibrada.
Para ello, estamos llevando a cabo cambios, algunos de ellos en
profundidad, con el objetivo de que los que perdieron su empresa la
recuperen, ésa u otra o de otra manera, y para que los que perdieron su
trabajo lo encuentren, ése u otro, probablemente otro, en una economía
que debe caminar por sendas que nos hagan permanentemente aspirar a ser
más competitivos. Apelo aquí al valor del trabajo como el instrumento de
emancipación del ser humano, algo a lo que jamás debemos renunciar.
Por eso quiero agradecer que sea precisamente en estos tiempos, en los
que parece que en España en lo único que nos ponemos de acuerdo es en
que no estamos de acuerdo en casi nada (que no sea el fútbol o el resto
del deporte), hayamos sido capaces aquí, con los agentes sociales,
patronal y sindicatos, y con los grupos políticos presentes en la
Asamblea de Extremadura, de alcanzar un Gran Pacto Social y Político de
Reformas por y para Extremadura, que se encuentra en plena fase de
desarrollo de sus contenidos.
Tenemos importantes retos:
.- La mejora permanente del nivel educativo y de la cualificación profesional.
.- La financiación, internacionalización e innovación de nuestras empresas.
.- La lucha contra el déficit público y el fraude fiscal.
.- La nueva Política Agraria Comunitaria (PAC).
.- El uso adecuado de los recursos naturales y el medio ambiente.
.- La participación ciudadana y la iniciativa organizada en el tercer sector.
.- La simplificación de las administraciones públicas.
Todos ellos son retos tan importantes como para justificar un compromiso con Extremadura de todos y cada uno de nosotros.
Me van a permitir que en este acto haga también una reflexión sobre dos
aspectos que me parecen muy importantes en estos momentos. Uno es la
libertad de información, en un contexto en el que las tecnologías de la
información y la comunicación nos invaden con nuevos espacios y
fórmulas. A mí me puede gustar más o menos un periódico, una radio, un
canal de TDT, o una web; me puede gustar más o menos la información que
se dé y cómo se dé, pero sea la que fuere, siempre me gustará más lo que
se diga que el silencio de una radio, la página en blanco de un
periódico o la imagen en negro de una televisión.
Lo digo en tiempos en los que tanto medio puede abrumarnos a todos,
incluido a ellos mismos por la difícil y dura competencia de captar
lectores, oyentes o televidentes. Siempre podrás, si no te gusta lo que
se dice, cambiar de canal, de emisora o de periódico. O simplemente
picar en el botón izquierdo del ratón en la esquina de arriba de una
página de internet. Como podrán entender, a mí no me gusta verse
menospreciado o descalificado en medios y en comentarios publicados,
pero son el precio de la libertad que cada uno pagamos, unos de una
manera y otros de otra. ¿O es que acaso alguien pensó alguna vez que la
libertad no tiene siempre un precio? ¿No merece la pena pagar para que
exista esa libertad y la tengan incluso aquellos que la desprecian?
Otro aspecto es el derivado de las encuestas del Centro de
Investigaciones Sociológicas (CIS) y la política. Afortunadamente, los
datos en Extremadura distan mucho de los generales de España, pero el
hecho de que la política y los políticos seamos para los ciudadanos el
tercer problema más señalado, debería preocuparnos seriamente a todos.
No es solo un problema para los políticos, debería serlo para el
conjunto de la sociedad. Se hace necesario, en estos tiempos sin
fronteras y sin barreras en la comunicación, aprovechar los cambios que
se están produciendo para transformar las relaciones entre gobierno y
ciudadanos. De gobernar por y para los ciudadanos, a gobernar por, para y
con los ciudadanos.
Dos son los ámbitos en los que creo que se puede y se debe avanzar,
entre otro: la información que llega a los ciudadanos desde las
administraciones y su permanente opción a proponer soluciones, y para
ello podemos utilizar las redes sociales y las iniciativas en las que se
puede trabajar. Junto a ello, y consecuencia del mismo objetivo, está
la trasparencia. Mucho se avanzó, más nos queda por avanzar. La
trasparencia genera confianza, la confianza deseos de participar en la
vida pública. Por ello, si fuimos capaces de ofrecer en la web
información sobre licitaciones y adjudicación, debemos ser capaces ahora
de hacerlo sobre modificados y complementarios de los contratos o sobre
todos aquellos que por su cuantía no salen a concurso público.
Lo mismo ocurre con los presupuestos que están accesibles para todos los
ciudadanos y deben estarlo también en el futuro próximo las
modificaciones que se vayan haciendo de los mismos con un carácter
periódico a determinar, o con las normas que se vayan a aprobar con
carácter previo a su aprobación, siempre que ello sea temporalmente
posible para facilitar las aportaciones de los ciudadanos.
Creo que en un año como el vivido, donde “lo autonómico” ha sido noticia
por las sentencias, los desencuentros y desacuerdos, y a pesar de la
satisfacción que me produce el amplio grado de consenso logrado en
relación con la reforma del Estatuto de Extremadura, merece una
reflexión serena y meditada.
Creo, por tanto, que se hace necesario aportar por parte de cada uno, de
cada comunidad, aquello que nos permita seguir avanzando como nación,
como país, como Estado, como España, en definitiva. Mi opinión es que el
actual modelo basado casi exclusivamente en la competencia del quién se
lleva más, quién tiene los niños más listos o la población más alta,
está agotado. Podremos seguir por ese camino. Pero no avanzaremos.
Si unos tienen su máxima aspiración en sentirse distintos y en serlo,
los demás no podernos sumarnos a una estrategia permanente de
reivindicación frente a España, porque eso es una situación diabólica.
Concebir el éxito de la política autonómica en términos de
reivindicación frente a España, como parece en demasiadas ocasiones, es
un camino equivocado por varias razones. Una, porque España no tenga
quien la defienda en los territorios. Otra, porque los ciudadanos pueden
acabar pensando que si a pesar de tantas y tantas transferencias, todo
depende de Madrid, qué pintamos y para qué servimos los que estamos en
las instituciones autonómicas.
Por eso, quiero en esta víspera del Día de Extremadura seguir
defendiendo con pasión lo que representa Extremadura, no frente a
España, sino como parte indivisible de ella. Por eso, quiero apostar de
nuevo por un modelo más cooperativo que competitivo. Si no cooperamos
más y mejor entre nosotros, entre los distintos pueblos de España, el
modelo autonómico no puede seguir avanzando.
Un día, Juan Carlos Rodríguez Ibarra me llamó para trabajar por esta
tierra desde la política. Y no sabe cuánto lo valoro años después. Hace
unos meses, me expresaba en el Parlamento en términos muy parecidos:
“Me gusta Extremadura y me siento orgulloso de ser un Presidente, en
una tierra llena de gente capaz y esforzada que asume con valentía las
dificultades y ha decidido que no es el momento de arrugarse.”
“Me gusta Extremadura y creo en ella y en sus gentes, trabajadores y
empresarios, docentes y sanitarios, en cuyas manos está parte de la
educación de nuestros hijos y de la salud de nuestras familias.”
“Me gusta Extremadura, sus jóvenes de hoy. El 57% de la población
extremeña tiene estudios medios y superiores frente al 80% de la
población analfabeta o que solo tenía estudios primarios hace 27 años
cuando nacimos como comunidad autónoma.
Me gusta Extremadura, y como alguien escribió en mi blog, Extremadura
son sobre todo los anónimos que cada día la hacen posible. Todos ellos,
sin exclusiones, desde la panadería donde fabrican el pan mientras
duerme la mayoría, hasta los empleados de los servicios de limpieza que
comienzan su tarea cuando se apagan las luces en los hogares.
Me gusta Extremadura porque sabe que para ser respetado hay que
respetar, porque sabe aceptar la diversidad, porque conoce el valor de
las familias en plural, porque da valor a la calidad de vida frente a la
cantidad.
Por eso quiero pedir, más que nunca que, por encima de las diferencias,
sigamos siendo capaces de poner en valor lo que nos une. Se llama
Extremadura y mañana celebra su fiesta. Es también el día de la Virgen
de Guadalupe. Como todos sabemos, no es una mera coincidencia. Es la
voluntad de todo un pueblo de hacer coincidir su día con el día de su
patrona.
Guadalupe no ha sido nunca, a lo largo de estos años, un motivo de
discordia; nunca puede representar lo contrario que la concordia entre
todos los extremeños.
Pero sí quiero, desde el mayor respeto, pedir a las autoridades de la
Iglesia Católica que escuchen a una gran mayoría de extremeños
organizados desde la sociedad civil. Que escuchen sus razones. No son
políticas, no son culturales. Tienen que ver con el sentimiento. Sabemos
que nada les obliga del todo. Por esos no aspiramos a vencer. Solamente
a convencer.
Al comienzo de mis palabras hablaba de sociedades imbatibles. Para
terminar les quiero hablar de sociedades mejorables. Y debemos reconocer
que nos queda mucho camino por recorrer. Me siento desde hace muchos
años incomodo al percibir que esa mujer con la que nos hemos cruzado hoy
en la calle o en el supermercado puede morir por haber nacido mujer,
víctima de los malos tratos. Hemos avanzado en la lucha contra esa lacra
que tiene mucho de dominación y de ausencia de respeto por demasiados
valores, pero no lo suficiente.
Y manifiesto también en la casilla de mi debe como gobernante, junto a
otros ya manifestados, no haber sabido o no haber podido dar un salto
más importante en la protección de los animales. Tenemos unas tasas de
abandono de animales incompatibles con el mínimo respeto por ellos.
Tengo la suerte de mantener una ventana abierta con el mundo a través de
internet. Hace un mes recibí un correo que me hizo pensar. Venía desde
Suiza. Habían estado en Extremadura y casi todo les había encantado.
Incluso les conmovió ver en Castañar de Ibor cómo abanicaban en la
calurosa noche de julio unas niñas a su abuela en la puerta de la casa.
Pero vieron demasiados animales abandonados. Y vieron la verdad. Nos
queda mucho por hacer. Reconocerlo nos ayudará, me ayudará a seguir
tomando medidas. Pero se hace necesario un cambio de mentalidad. “El
perro deja de ser necesario cuando se acaba la caza”. Eso lo tenemos que
cambiar, y no solamente con leyes.
Mi felicitación a los premiados con la Medalla de Extremadura, todos
ellos tienen en común, de una u otra manera, la pasión, tan necesaria en
cualquier faceta de la vida.
Joaquín o la pasión por los libros; Noelia, la pasión por el “no nos
resignamos”; Jaime, por la convivencia en paz; Juan de Dios, por el
deporte como escuela de valores; Ángeles, por la palabra; Víctor o la
pasión por la medicina y la historia; Paco, por la enseñanza y la
integración para la igualdad; Guillermo, por Guadalupe, nada más y nada
menos y las Cooperativas Agroalimentarias de Extremadura o la pasión por
nuestra tierra.
Manuel Pacheco, poeta oliventino y por eso extremeño, escribía a otros
poetas extremeños (y un poco a todos nosotros). Y lo traigo aquí esta
noche porque es difícil expresar mejor lo que quiero decir:
“Que el canto azul de Extremadura se ilumine de estrellas y pájaros, y
encienda el alba en esta noche caída en la tierra que pisamos.
Escribo esta carta a Extremadura y a ti, que sientes su corazón de recios encinares, mieles y pan blanco.
Os pido unión, la poesía se mece en nuestros brazos, luchemos unidos por su lluvia buena.”
Y termino. Hace unos días, en este mismo escenario, Juan Manuel Serrat
nos invitaba a no olvidar nunca el hambre en ninguna parte del mundo.
El fallecimiento de Pitina Sandoval, la mujer del presidente del Real Madrid, ha sido una tragedia terrible para su familia y también para todos los amigos y conocidos que no daban crédito a la noticia. Aparentemente, su salud era inmejorable después de haber superado el cáncer que padeció hace unos años. Ella misma lo decía hace unos meses, en una de las tertulias de su tienda taller Don Bolillo, donde mujeres de todo tipo y condición reciben clases de costura, a razón de 90 euros al mes.