Me ha emocionado escuchar a Rafa
Nadal hablar tras su última proeza deportiva. Llegó desde Estados
Unidos a España, con las agujetas del partido y del viaje, y en la sala
de prensa de la T4, se despachó durante más de media hora con la prensa
expresando: “es evidente que no soy el mejor deportista español de la
historia, es una barbaridad”.
Rafa ha entrado en la historia del
tenis mundial al haber conseguido completar el “Gran Slam” -al alcance
de un puñado de elegidos-, y ganar cinco veces el Roland Garros.
Me
decía Fray Guillermo (recientemente galardonado con la Medalla de
Extremadura), que su mayor bagaje en esta vida, había sido descubrir
“la modesta grandeza de lo ordinario y poner corazón al deber de cada
día”. Y ese mensaje, lo rubrica Nadal pasando por esta vida siendo
campeón en las pistas, y poniendo su corazón humilde en la palabra. Sin
duda, a Nadal ni le caben los trofeos en sus vitrinas, ni el corazón en
su pecho.
Todo un ejemplo para nuestros jóvenes, y para los que ya no lo somos tanto.