Acababa de ingresar en la clínica San Telmo por segunda vez. Una discusión familiar terminó con un incontrolado sollozo y esto la llevó con urgencia ante la doctora Montero. Esta no disimuló su sorpresa al reconocerla. Exclamó ¿Usted de nuevo?. Calma, no pasa nada, no llore... Cuando se restableció dijo: Doctora para ser “normal” ¿tengo que ser como la mayoría de la gente?. La doctora sonrió y respondió: Creo que normal no hay ningún ser humano, eso es lo genial.
Cuando fue dada de alta en la clínica, se dirigió a la estación.
Es tarde y empieza a esconderse el sol, el cielo está lleno de colores rojizos, es un atardecer maravilloso y apacible que contempla con el mismo embeleso de siempre.
En el andén se vislumbran los destellos metálicos de los desgastados raíles que al trasluz de los pocos rayos de sol, resplandecen. La mujer contempla absorta el paisaje entre natural y abstracto.
Quedó olvidado un grueso bloc donde van las anotaciones de su realidad y sus fantasías.
Ella ha desaparecido en aquel “atardecer de postal o de cuento”. La vi cruzar la vía de raíles plateados.
Nunca más supe de ella….
Purificación Claver.