Comenzamos el Otoño de 2010 como cualquier otro Otoño.
Con caídas.
Se nos cae el sueldo porque las empresas eléctricas –que están empobrecidas por culpa de los que cada día consumimos menos- suben la luz.
Se nos vuelve a caer el sueldo porque las hipotecas han subido por esos comunes y desconocidos enemigos íntimos cuyas siglas responden a IBEX y EURIBOR.
Se nos cae la solución económica que plantearon los sindicatos mayoritarios con la huelga general. El gobierno seguirá dialogando pero hará –si cabe- más caso a los empresarios. UGT y CCOO han salvado los muebles pero han despertado a sectores antisistema que hoy prenden fuego a propiedades pudientes pero mañana dirigirán sus furias contra los liberados sindicales.
Se nos cae el consenso de los premios regionales llamados medallas porque el líder de la oposición quiere que sea la Asamblea de Extremadura quien las conceda. (Por una vez y sin que sirva de precedente subscribo el deseo del Sr. Monago en esta caída).
Se nos cae la aspiración y el trabajo puestos en la propuesta de Cáceres como capital europea de la Cultura en 2016. Me uno a la manada de buenas intenciones de tanta gente alentadora que plantea que sigamos manteniendo ese ímpetu –posiblemente ilusorio- de que a Cáceres se le reconozcan sus valores algún día. El poeta emeritense Félix Morillón dijo que “somos tiempo y deseo”. Planteémonos desde ahora -legando a nuestra descendencia el deseo colectivo hasta 6102- que nuestra más completa ciudad medieval consiga antes de esa fecha el reconocimiento interno e internacional que merece. Propuesta que requiere que ambas realidades no deben ser escasas, pero “Somos tiempo y deseo”. A propósito, si el Gobierno opta por San Sebastián y lo hace bien, acarrearíamos beneficios históricos encomiables.
Hoy es día 2 de Octubre, día del ángel de la guarda. Propongámonos entre todos que no se convierta en “ángel caído”.