Si todos sonriéramos más, seríamos más dichosos. La sonrisa es la llave del corazón, y engrasa la palabra. Son mil palabras resumidas en un gesto. Quien la lleva puesta, lleva el mejor de los trajes, gratis total.
Hace tiempo presté atención a un fotógrafo que en un restaurante se brindaba a hacer fotos a los comensales, mesa a mesa. Delgaducho, pálido, todo de negro, parecía un Rolling Stones. El arma era la sonrisa, y no su cámara. Sacarte un dinerillo a golpe de sonrisa, hace más llevadero el esfuerzo económico de rascarte el bolsillo. El porcentaje de encargos era alto. Nadie sabía la calidad del susodicho en el manejo digital, ni del producto final, pero la sonrisa era un sacacorchos en los bolsillos. ¿Y porqué no, decían la mayoría con gestos? Y click, click, encargo realizado entre luces de sonrisas y luces de flash.
Cuando alguien te consuela sonríes. Cuando te caes y te prestan una mano para levantarte también. Cuando miras una puesta de sol, o a un recién nacido, o recuerdas momentos felices del pasado, o sueñas el futuro, aparece la sonrisa.
La victoria es sonrisa, el fracaso es ceño fruncido. Un proverbio escocés dice que cuesta menos que la electricidad, pero que da más luz. Dura un segundo, pero a veces, su recuerdo permanece hasta la eternidad. Si has sonreído, habrás movido quince músculos, si has fruncido el ceño, los habrás hecho con cuarenta. Como verás, aunque sólo sea por economía, no viene mal sonreír…sin olvidar que quien tiene dinero y ausencia de sonrisas es un pobre, y quien no tiene dinero pero tiene sonrisas es inmensamente rico...