Desayunar con una noticia en la que la pederastia es protagonista y aún peor, divulgada por un ser que en teoría, luego demuestra que no es así, es un tipo culto, formado y además con la presumible experiencia y cualidades como para que haya una cohorte de seguidores desde hace años que están en contacto con su hacer por lo que transmite, es cuanto menos soez, desagradable y sobre todo, repugnante además de denunciable como espero que así sea el caso que nos ocupa del presuntuoso, siempre lo ha sido, Fernando Sánchez Dragó, al que deseo sea por fin derrotado y repudiado por su desviación mental, su ciclotimia, su contínuo epatar por la vida, siendo lo que es en la actualidad, un oportunista de tomo y lomo que se arrima a cualquier árbol con tal de que no solo le dé sombra o cobije sino de paso aprovecharse de su fruto.
Simplemente con visionar el vídeo del programa El intermedio, de La Sexta, donde se cuenta la andanza de este vil soriano con dos japonesas menores de edad, solo 13 años, no solo dejas de desayunar sino que lo que hayas engullido hasta el momento de enterarte del suceso, lo vomitas de inmediato.
Aquí están las imágenes
Conclusión: Sánchez Dragó, aunque presume de que el delito ha prescrito, lo que nunca lo hará es su acción, repudiable y castigada da igualkque no pueda ser por los jueces pero sí por la sociedad, en la que quiera o no es uno más con sus propias consecuencias, y éstas deben ser que sea ninguneado de cualquier medio de comunicación, proscrito y declarado persona non grata al menos para aquellos que aún creemos utilizar la cabeza no solo para peinarnos y que el libro donde figuran sus declaraciones pederastas, escrito a medias con Albert Boadella, sea retirado del mercado, antes de que se agote en las librerías porque para más inri muchos, yo no por supuesto, cometerán la gilipollez de comprarlo.
Hasta el día de ayer, reconozco haber sido un ferviente seguidor de la escritura dragoniana. A partir de ahora, ya ha desaparecido no solo de mis gustos literarios sino de mi propia via. Espero que debido a mi profesión no me lo tope algún día frente a frente. La palabra más suave que le diré será la de malnacido.