Nos invade una marea que se empeña en demostrar que somos tontos.
¿O es que más bien nos rodea gente que lo parece?
Capitulo 1. Un descerebrado de cuyo nombre no quiero acordarme ha planteado que es hora de que los trabajadores públicos empiecen a regirse según los mecanismos de la empresa privada. A este globalizador caballero no le basta con que los funcionarios hayan perdido un porcentaje de su sueldo y parte del poder adquisitivo que ya habían perdido, han perdido también reducción de jornada a la que tienen derecho por la edad, recorte de plantillas, bajas que tardan en cubrirse, etc.
O sea, menos sueldo por más trabajo: Es para estar contentos. Eso, sin pensar que nos pueden tomar por tontos.
Capítulo 2. La pelea anunciada por la jubilación a los 67 años en España o la aprobación en Francia de la jubilación mínima a los 62, es una polémica gratuita, vacía e inicua. ¿No sería más justo y equitativo proponer que la pensión para los futuros jubilados se compute acorde con el desgaste y categoría del puesto de trabajo y con los años que el trabajador ha contribuido? Y ya puestos a pensar y de cara a que el sistema de pensiones no fracase por qué no tomar esta medida: ¿Por qué no decide el trabajador en el momento de la contratación la cantidad que considere aportar a su plan de pensiones, con el control del estado y creando para ello un BANCO ÚNICO ESTATAL PARA EL SISTEMA DE PENSIONES? (Los beneficios deberían ir para las pensiones no contributivas y para los beneficiarios, no para los banqueros, ni para las pensiones escandalosas de los mismos. Todo ello con criterios de igualdad y equidad). Otra medida necesaria es revocar la decisión de congelar las pensiones, además de prometer no volver a tomarla, puesto que el coste de la vida sigue creciendo. ¿Cómo se nos va poniendo la cara?
Capítulo 3. Cuando termine el año 2010 -que como empezó con nieves nos parecía que vendría con bienes- sobrepasaremos la cifra de 70 mujeres muertas a manos de lo que los medios de comunicación llaman eufemísticamente ‘su compañero sentimental’. Como si los homicidas o asesinos albergaran en su interior algún tipo de sentimiento positivo hacia las víctimas de su delito, a no ser el del odio, los celos o la venganza.
Los técnicos en educación y en comunicación que se reunirán en Mérida con la princesa Letizia en el Congreso Internacional de ambas materias, reflexionarán sobre esta cuestión. Sustantivemos pues, muy bien, los hechos y los procesos para no acercarnos a la más supina de las tontunas.
Capítulo 4. El gobierno ha cambiado de caras. Es encomiable ver cómo se nombra ministro de trabajo a una persona que recientemente se ha manifestado en contra de la política de Zapatero. ¿El manifestante va a contradecir la deriva del de L’Hospitalet, o debemos pensar que ha sido una operación estética sin profundizar en las necesidades sociales? Si se da la segunda opción, adivíname la cara que se nos pondrá en breve.
Capítulo 5. Hay una periodista que empezó su singladura profesional en la Cadena SER con un programa que se llamaba ‘Queremos saber’. En su cuaderno de bitácora, allá por la segunda parte de los años 70, se enzarzó con la educación, echándole la culpa de todos los problemas del país a los profesores. Después pasó a una televisión privada con unos planes parecidos pero con una cuenta corriente mucho más saneada, (vease en YouTube el vídeo de la presentación de libro de Francisco Umbral). Ahora está en otra cadena también privada presentando la enésima edición de ese programa que de manera tan efectiva se propone educar a los españoles. El mencionado programa educativo es ‘Gran hermano’. (También los técnicos educativos y comunicativos del mencionado congreso, podrían proponer que programas como éste desaparecieran de todas las parrillas televisivas, es un decir). A estas alturas, la cuenta corriente de la egregia presentadora debe ser parecida a la de las estrellas más rutilantes. ¡Qué grande eres, Mercedes Milá! Y lo mejor, ¡qué bien estás entonteciendo a tantos miles de paisanos! ¿Poderoso caballero es tu recorrido de intrépida reportera, verdad?
Cabría un sexto capítulo dedicado a la fiesta anglosajona de estas fechas. Pero me niego. Sólo un último recuerdo para un hombre que siempre luchó por los derechos de los trabajadores. ¡Cómo debió ser la actitud antisindical del régimen de Franco cuando un hijo de la UGT tuvo que fundar un nuevo sindicato! Hoy debemos festejar la Chaquetía comiendo unos calbotes a la memoria de Marcelino Camacho. ¡Salud y adelante, compañeros!