Hace cuatro años que me trasladé al
apartamento donde vivo, no me importó que fuera pequeño, porque mis
utensilios de pintura, mis ropas dispuestas para el invierno y mi
bricolaje han encontrado un sitio en el amplio trastero.
En los
trasteros siempre hay cosas que guardar y algunos vecinos nos cruzamos
a menudo con nuestros cachivaches, saliendo o entrando en ellos.
Hay
una pareja mayor que vive en el quinto, y muchas veces nos hemos
cruzado en el garaje. El hombre siempre va protestando, y le he visto
vociferar a la mujer en la calle; a ella se le veía avergonzada ante la
situación ¡por cierto! hace tiempo que no la veo. El hombre últimamente
deambula solo por la zona y de su trastero sale un hedor insoportable,
cuando paso por allí me estremezco, no solo por la pestilencia también
tengo desconfianza, me pregunto ¿donde estará mi vecina?...
Nos ha
costado convencer al hombre para que abra el trastero y nos descubra
que oculta dentro, hemos bajado todos con la sensación de intriga
reflejada en nuestros gestos... Cuando mi vecino ha franqueado la
puerta el olor se ha hecho más pestilente. Han salido varias moscas de
allí y entre las alforjas de caza surgía una oreja putrefacta y peluda.
Todos le hemos reprendido por el tremendo descuido y el muy tranquilo
ha dicho: ¡Lastima de liebre! tan hermosa y la quedé olvidada ¡buena se
va a poner la “parienta” cuando venga del pueblo y se entere!
Purificación Claver García.