Diariamente sirven comida a quien no tiene, y ropa, y facilitan su higiene... Esta Orden, amén del voto de obediencia, pobreza y castidad, tienen el de ayudar a los pobres. Son esa muleta en la que muchos se apoyan cuando caen, y el resto sigue su camino sin dejar de alzar la vista.
Me contó la superiora, que hay gente que hasta hace poco tenía trabajo, y "hasta buena posición social" y acudían a su refugio. Pedían comer a distinta hora, para así no soportar el peso del fracaso en público, que bastante debe ser arrastrarlo cada segundo a diario en privado. Alguno, imploraba cada día, "que no lo sepa mi familia".
Me senté junto a Sor Felisa unos minutos para hablar. Reía constantemente, y su sonrisa os aseguro que es pura luz que contagia optimismo. Me recitó alguna poesía, e intercambiamos chistes. A su edad, conservaba bien la vista y el oído, y la memoria, ese baúl donde guarda un millón de experiencias.
Cuando nos despedimos, me llamó con su mano, y al oído me dijo: "que trabajéis por los pobres"... Gracias por el trabajo que hacéis desde el silencio y la humildad... y seguiré su consejo, es lo menos...