Se llamaba Nadia. Tenía solo 44 años, una hija de 10, lo único que le llenaba su existencia, y una vida plena de sinsabores, dolores y desgracias, simplemente porque era una víctima de la puta violencia de género que anida asquerosamente en la sociedad, sin que nadie la pare, siendo, además, un caso de ¿muerte anunciada?, simple y claramente porque no solo había sido amenazada en varias ocasiones por su vil asesino, sino porque a pesar de la orden de alejamiento de la que era objeto su agresor, éste se la “saltó “ en numerosas ocasiones, se le había confiscado una escopeta, era advertido con asiduidad de su actitud de intimidar y agredir física y psicológicamente a su segura víctima, en definitiva, que la impotencia que le producía de continuo la recalcitrante amenaza de su ex marido a la desgraciada de Nadia, viendo como no se podía hacer más “ legalmente” que lo que se estaba haciendo y a pesar de sus denuncias, de sus miedos y de sus consiguientes depresiones, ocurrió que en una heladora mañana de otoño que toca a su fin, esta marroquí trabajadora y buena persona, que era Nadia, cuando llegó a su casa de la Av Ricardo Capareto, en pleno Barrio de San Roque de Badajoz, le estaba esperando su cobarde asesino, que de un certero disparo de pistola en la cabeza, la dejó seca y muerta en el suelo, para después, imbuido en su premeditado plan de “ si yo no vivo, tú tampoco”, tirarse por la ventana del piso que habitaban su ex mujer y su hija, lanzándose al vacío y muriendo como lo que era, un chantajista físico y emocional, que en su desalmada vida de 59 años se llevó por delante a quién agredió física y emocionalmente durante años, a quién amargó la existencia por querer demostrarle que él era más que ella, simplemente por ser ¿ hombre?... Y porque cuando en la vida fallan los principios básicos de la educación en valores, el respeto por la vida de los seres humanos, cuando la falta de escrúpulos produce en la mente del ser humano las disquisiciones de onnubilación que tanto mal producen, hace que tipejos facinerosos y ruines como este asesino pacense cometan el crimen irremediable a tenor de cómo estamos y hacia donde vamos, y por tanto se refrende una vez más que aún queda mucho por hacer en esta sociedad para que vivamos en la normalidad que debería ser el respeto por la vida.
Ante cualquier asomo de violencia, física o psicológica, por mínima que ésta sea, llama al 016, quizás estés salvando una vida….