Miércoles, 12 febrero 2014

LA VIDA NO ES UN CUENTO DE AMOR

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Juana Mª Márquez Pérez

 A los niños pequeños les contamos mentiras para que vivan con ilusión, al llegar la Navidad les hablamos de Papá Noel o de los Reyes Magos, ellos lo creen y nosotros nos ponemos contentos porque pensamos que eso les hace felices….y puede que así sea.

 

         A las niñas les contamos cuentos, el de Cenicienta que es salvada por un príncipe de las garras de la malvada madrastra y es feliz por toda la eternidad. Blancanieves y las princesas de Disney que fomentan y crean ilusiones y hacen crecer a millones de niñas con el deseo de que algún día aparezca su príncipe y las haga unas reinas maravillosas y amadas por toda la eternidad.

 

          Crecemos….nos hacemos adolescentes y jóvenes…ya dejamos atrás los cuentos pero esa ilusión con la que hemos crecido no ha muerto de nuestro ser más recóndito.

Vamos al cine…Pretty Woman…es el cuento de Cenicienta pero para mayores…siempre, siempre hay una bella dama que necesita que un apuesto príncipe la rescate de su cotidiana e insulsa vida y la transporte a una nube de felicidad inconmensurable.

 

Y…cuando encontramos a nuestra pareja…esperamos lo mismo pero nos damos de bruces con la dura realidad: los príncipes azules no existen, ni azules, ni grises ni verdes…simplemente no los hay. Son hombres de carne y hueso con sus defectos y con sus virtudes y desgraciadamente más pronto que tarde descubrimos que nosotras no somos una Cenicienta que se transforma en una bella princesita  ni tampoco una Julia Roberts que pasa de ser una prostituta a una mujer muy rica y llena de amor.

 

Somos simples mujeres cuyas historias de amor que empezamos con entusiasmo e idealismo algunas veces terminan en un juzgado porque nuestro “amor” ha dejado de querernos y se ha ido con otra mujer…por ejemplo.

 

¿Existe pues el amor romántico?, ¿el romanticismo?..o mejor dicho…¿nos conviene creer en esas cosas?.

Si creemos en ello nos hacemos expectativas de una relación, esperamos un determinado comportamiento del hombre al que creemos o por qué no..amamos. Y si esas expectativas no se cumplen no frustramos porque no tenemos ni vemos cumplido nuestro sueño.

Llegando a una conclusión si es que este tema se puede concluir, es mucho mejor no esperar nada de ningún ser humano ni de ningún hombre porque eso a la larga crea frustración. Lo que nosotros esperamos de los demás es como nos comportaríamos nosotros pero los demás no somos nosotros, son ellos mismos con su forma de actuar y comportarse diferentes a la nuestra.

 

Mientras crecemos y los desengaños llegan a formar parte de nuestra vida y nos vamos haciendo fuertes a base de palos en la espalda…¿qué haremos?, ¿privaremos a las niñas de esos sueños infantiles?...no, no lo haremos…después de todo mientras dura son y somos felices.

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