Me acicalé para ir a una fiesta muy
“especial” habían pasado veinticinco años desde que acabé magisterio y
sentía curiosidad y alborozo, por ver como estarían mis antiguos
compañeros. Me miré al espejo que reflejaba mi madurez con todo descaro.
¡No importa¡ seré la más bella del baile –exclamé-. Extendí una ampolla
de esas “milagrosas” por todo mi rostro, después el maquillaje
“tapatodo” mi sombra de ojos, colorete y unas pestañas postizas que eran
un “primor.” ¡Estaba espectacular¡ cuando hice mi entrada en el salón,
los besos y abrazos con mis antiguos compañeros, iban acompañados de
guiños y sonrisas. ¡Yo estaba pletórica! En aquella estancia, había un
gran espejo central, y me acerqué a mirar, una extraña mancha que
descubrí en mi mejilla. La mancha se asemejaba, a una mariposa presa en
una nube de carmín. La mariposa en cuestión, eran mis pestañas que se
asentaron, en mi mejilla abrumadas por tanto beso.
Purificación Claver