Veníamos de la feria felices y con apetito. Al pasar por el “Molino” un apetitoso olor a calamares nos invitó a entrar en el local. Tomamos asiento con nuestros chicos y pedimos una de calamares, acompañados de cerveza fresquita. Ramón propuso que pidiéramos otra de callos ¿De callos? exclamó Merche con cara de asco, miremos otra cosa en la carta-comenté decidida
.
Miramos la pizarra de menús y mis ojos
descubrieron un nombre desconocido. “Saplinas con tomate”. Mirad, ¿pedimos
saplinas? debe ser un marisco japonés respondió Javi, el “mundano” del grupo.
Llamamos al camarero.¡Una de saplinas con tomate por favor! el hombre un poco
escéptico respondió- ¿Es que sois extranjeros? se dice sardinas. !Mire¡ en la
carta pone saplinas y nosotros queremos saplinas (contestamos Merche y yo
mostrándole la carta). ¡Si el marisco japonés hombre!- remató de nuevo Javi-.
El camarero se fue hacia la cocina, y al momento
vino hacia nosotros, con la bandeja en alto, estábamos deseando probar el nuevo
manjar . Colocó un platito de sardinas en latas ante nuestros incrédulos ojos.
El hombre con una pícara expresión, nos dijo... Su ración de saplinas señores.
Por cierto, Dora es la que escribe la carta de menús y tiene algunas faltas de
ortografías. ¡Que aproveche señores¡
Purificación Claver