Sábado, 8 enero 2011

El año del zopilote, de Salvador Calvo Muñoz

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Francisco de Borja Gutiérrez

[Img #6327]Pues son olvido y mudanza las condiciones de ausencia...

Jorge Manrique

Pura delicia las 58 páginas que componen El año del Zopilote del profesor y cazador Salvador Calvo Muñoz, libro publicado por la Editora Regional de Extremadura, incluido en la colección Vincapervinca.

El zopilote, ave carroñera por estos pagos conocida como buitre negro, vuela de soslayo en un momento justificado de  las andanzas de dos estudiantes  que cursan Medicina y Letras, respectivamente,  en la gloriosa Universidad de Salamanca, curso 1970-71, uno panameño y otro cacereño,  y que en primera persona relatan, cada uno a su modo y con peculiar léxico, sobre todo el mulato Gil, su devenir por el inconfundible ambiente de la ciudad de Unamuno, la que enhechiza la voluntad de todos los que la amabilidad de su gente han gustado, que expresara Cervantes en El Licenciado Vidrieras. Y a fe que a estos dos jovenzuelos les hechizó, pero sobre todo les encandiló  el aroma de un lugar que con frío o calor, que más da, cautiva a todo aquel que lo degusta, más si cabe en una edad en la que tanto el cuerpo como el espíritu exhalan efluvios incontenibles de amor por lo desconocido, entiéndase la propia ciudad, o lo atrayente, las féminas adolescentes que rebosan lozanía, con todo lo que dicho término conlleva, o lo académico, los inicios en la que supone vocación universitaria, otra cosa es lo que marcan las responsabilidades, las decisiones y los tiempos.

Las citas a la dictadura franquista en España y sus consecuencias, las penurias propias de una juventud que fuera de su hábitat no tenía más remedio que adaptarse a las circunstancias que imponía la vida universitaria, alejada de determinados lujos y parabienes que otros gozaban impositivamente en esos años, la descripción avuelapluma de un ambiente que quién esto escribe también vivió en primera persona, tiempo  y  lugares, establecimientos y ambientes de la capital charra, “sufriendo” los avatares de personajes reales como por ejemplo el profesor Gandarias, todo un crack, dicho de paso, y no digamos sitios emblemáticos como Arizona, Felipe, Méjico, Novelty o La Latina ¡ ay, qué tiempos D. Salvador! y ¡ qué inolvidables vivencias ¡..

La originalidad de este librito radica en el doble lenguaje que el autor utiliza, capítulo a capítulo,  con demostrado  y sorprendente dominio, a la hora de narrar cada protagonista sus vivencias, llamando la atención el referido al personaje de Gil, un estudiante panameño de Medicina, que contando sus avatares, sus inseguridades y sus deseos confesables, el autor te sumerge, con tan singular maestría en los vocablos, giros y expresiones que cuando finalizas la lectura te resultan tan familiares que incluso se te escapa un fren, un rochin o una jeva sin siquiera proponértelo para nombrar a un hermano, un roce, o una nena, un suponer, vamos...

Destacar, en fin, el personaje del estudiante cacereño, Conrado, con el que el escritor extremeño se identifica  sobremanera, tanto en el estudio, las letras, como en la afición, la caza, cuya timidez y resignación, en un continuo vaivén de nostalgia y realidad,  ante las penurias amorosas y económicas que pasa, hacen que el lector se solidarice con él de una forma comprensiva, animándole interactivamente, a que supere tanto los  estudios como el enamoramiento, ambos anhelados, los dos superados al final del curso 70-71, con el que concluye esta obra breve, El año del Zopilote, que le va como recurso estilístico a la pluma  de su autor, Salvador Calvo Muñoz, que prestigia la prolífica, afortunadamente, colección  Vincapervinca de la necesaria Editora Regional de Extremadura, que dirige el maestro  en gestión editorial, el profesor Luis Sáez.

 

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