Una legislatura de trabajo, 17 meses de tramitación en Las Cortes Generales, y una Reforma del Estatuto de Extremadura aprobada sin ningún voto en contra en El Senado.
He tenido el honor de llevar la voz del Partido Popular de Extremadura-Extremadura Unida al Congreso y al Senado, para defender una obra colectiva, que lleva en sus letras la tinta expresada por muchos extremeños.
Este es un Estatuto de Autonomía basado en la concordia, en el acercamiento de posturas, y que ha huido del debate partidista. Es un Estatuto que lleva la firma de los extremeños, que quieren mirar a Portugal, a Iberoamérica, a Europa, sin renegar nunca de la dehesa que nos vio nacer.
No pudo ser así en el año 1983, pero el sentir general de los ciudadanos, nos obligaba a dejar de lado el pin en la solapa de nuestro partido, y ponernos la bandera de Extremadura.
No es un Estatuto contra nadie, ni que aspira a separarnos del resto. Es un Estatuto que dice que somos extremeños, y que queremos crecer juntos, para ganar el futuro.
Este miércoles en el Senado comencé mi intervención diciendo que iba a hablar “en extremeño”, y así lo hice. Algunos portavoces nacionalistas se sintieron ridiculizados al tener lenguas cooficiales en sus territorios. Nada más lejos de mi intención. El extremeño es la lengua con la que me entiendo en las calles y plazas de los pueblos y ciudades de Extremadura. El extremeño es el instrumento de comunicación que usan mis paisanos en sus casas, trabajos (quien lo tiene) y en familia. El extremeño es el lenguaje de nuestros sueños.
Podría haberme expresado con la muleta del lenguaje jurídico, pero no me habrían entendido. Podría haber hablado en castúo, y tampoco me hubieran comprendido. Quise hablar en nombre de muchos extremeños de un sentir, de una aspiración, de un deseo colectivo. Del poco millón que estamos viviendo en la tierra de Chamizo, y de los más de 750.000 que emigraron a otras regiones o países de Europa. Ellos, también hablan en extremeño con el corazón.
Estamos pues en un momento importante de Extremadura, pero no es el fin de ningún trayecto. Hemos vivificado nuestra principal norma, para seguir creciendo juntos.
Me siento honrado de haber llevado a Las Cortes este texto, y me siento orgulloso de haber llegado a un acuerdo más con mis adversarios políticos. Y la firma, la firma la han puesto los extremeños. De ellos únicamente es el mérito.