El día está tan indolente como yo. En un
rincón de la sala tengo un cesto de ropa sin planchar, cada vez que lo
miro cobra vida y crece más y más. Me siento frente al cesto, lo miro
con desdén y antipatía. ¡No! ¡No tengo ganas de planchar toda esa ropa!
doblarla y colocarla en los armarios. Me dirijo al espejo de mi
dormitorio y observo mi pelo, está hecho un desastre, mi cara hinchada y
el gesto cansado ¿quien es esa?- me pregunto aterrada-
Me doy una ducha casi fría y una luz ilumina mi mente.
Peluquería
(SUSA & CIA). Me dirijo hasta allí, tres clientas habituales me
saludan afectuosamente, y entre charlas y bromas me doy cuenta que mi
cansancio desaparece. Susa transmite tranquilidad y cuando termina de
peinarme, la imagen que me devuelve el espejo es milagrosa !Que
bellezón! paso a Line y me hace la manicura no sin antes hacerme reír
con su innato sentido del humor. Cuando vuelvo a casa me enfrento al
cesto de ropa sin temor, hoy he tenido una sesión de psico-pelu muy
efectiva.