Ahora dirán muchos lo que ya se está escuchando: la crisis
fue adivinada mientras estuvo ocurriendo, e incluso antes. No es verdad, eso no
es cierto. Si hubiera sido así, se sabría, muchos habrían salido diciendo ´mira
que te lo tengo dicho`. Fue viniendo, algunos expresaron sus sospechas, pero en
general el despiste internacional fue mal de muchos y ahora consuelo de tontos.
Hubo alguna agencia de adivinación económica que expresó su convicción de que
íbamos a vivir incluso mejor, y lo contó a la luz de todo el mundo. No se le
pidieron responsabilidades porque en seguida se hizo la oscuridad y ya no se
vio, en medio del desastre, ni el rostro de los que no lo habían visto. Claro,
la responsabilidad del FMI es mucho mayor que la que tendría un comentarista de
economía, por muy bien informado o pesimista que fuera. El FMI tiene todos los
instrumentos a mano para conducir el mundo a políticas económicas razonables,
dependientes del momento que estamos viviendo o que vamos a vivir. Ahora se
sabe, porque la misma entidad internacional ha hecho autocrítica, cuál eran los
defectos que causaban su ceguera. Es un ejercicio admirable de transparencia,
me parece, pero es también la evidencia de que, cuando aquella crisis estaba
anidando en las oscuridades de los bancos más potentes de Estados Unidos, el
FMI estaba jugando al tenis consigo mismo. Y eso inquieta muchísimo, y al mismo
tiempo produce el escalofrío de la incertidumbre: ¿y si ahora nos está diciendo
algo que tampoco es cierto? ¿Y si nos están alarmando desde todas las partes
para hacernos temblar innecesariamente? ¿Y si estuviéramos viviendo en una
pesadilla inducida? Claro, no es cierto, la pesadilla está ahí, la vemos, es
que como el aire oscuro de Madrid. Pero lo que sucede es tan extraño que uno
puede pensar que quizá vive en medio de una pesadilla y que al despertar todo
será mejor, o por lo menos todo será de otra manera. De momento, como hacían
mis amigos Rafael Arozarena y Rafael Azcona, comprobemos que esta mano y la
otra siguen funcionando a pesar de las pesadillas, y salgamos a la calle, que
alguna esquina de aire nos espera.