Siento una terrible vergüenza ajena. Es triste escuchar, bien entrado el siglo XXI, las desafortunadas declaraciones del Sr. Celdrán, alcalde de Badajoz, en una emisora nacional de radio. Nuevamente, el colectivo de homosexuales se ha visto atacado y despreciado por las palabras —en tono de mofa y completamente fuera de lugar— de un representante público. Un insulto gratuito con el que quería hacerse el gracioso. Ahora rectifica y dice que se malinterpretaron sus palabras y se ha reunido con representantes del colectivo homosexual para ¿justificarse? La verdad es que el término “palomo cojo” empleado tal y como lo hizo no dejó lugar a duda de sus intenciones, aunque el tema de conversación fuera su afición a la colombicultura. No comprendo, como pueden, políticos supuestamente experimentados, caer en los juegos de palabras de periodistas que parecen buscar solo la burla y el conflicto. Pido, como ciudadano de un país democrático y tolerante, seriedad en estos asuntos. Nadie puede verse insultado ni discriminado de esta forma por su condición. Creo que en la política no caben estos recursos humorísticos de dudoso gusto, más propios de otras épocas de las que es mejor no acordarse.
Víctor Manuel Jiménez Andrada