Viernes, 11 marzo 2011

La maldad, a secas

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Juan Cruz

Entre los comentaristas españoles hay algunos que hacen de la maldad el señuelo, o la seña de identidad, de su inteligencia. Cometen juegos de palabras a favor de su casa, ensuciando la casa ajena, burlándose de la enfermedad e incluso de las consecuencias más perversas de la enfermedad, que desean aún peores para sus adversarios o enemigos. Es, en realidad, no sólo la seña de identidad del mal gusto, expresada muchas veces anónimamente, sino la explicación pública de una mezquindad que les convierte en muñecos de sí mismos. Hoy comenta David Trueba en EL PAÍS el trato que algunos medios han dado, por ejemplo, a la enfermedad de Rubalcaba, que desde hace algunos días es motivo de noticias periódicas; algunas de las expresiones que hemos leído van más allá del insulto, son la expresión de un deseo que califica al que lo manifiesta. Esta degradación del lenguaje público en nombre de la gracieta y del chiste es la evidencia de una maldad que avergüenza incluso al que la perpetra; acaso por ello proliferan, aquí y en tantas partes, tantos nicks vergonzantes, tantos anónimos que no se atreven a decir su nombre precisamente porque hasta su nombre se avergonzaría de su apestosa grafía.

 

 

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