La mujer de mediana edad, pasea por la parte más escondida y gélida del parque. Hace frío y se frota las manos de forma evidente, para hacerlas entrar en calor. Su mirada se dirige continuamente hacia la vereda ajardinada de la izquierda, donde los rosales, aun tienen el verdor del invierno y pequeños brotes prometen abrir con los rayos de sol.
Un hombre maduro de aspecto pulcro entra por la vereda con pasos decididos hasta llegar a su encuentro. Los dos se funden en un abrazo y un beso apasionado los aleja del mundo por unos instantes. Sus miradas irradian felicidad y se alejan enlazados por la cintura hasta la salida del parque, donde se despiden con lágrimas en los ojos. Ella susurra -hasta mañana mi amor- y se alejan cada uno por su lado. En sus rostros aflora un rictus de tristeza que cada día se esfuma solo por unos instantes, en la soledad del parque...
Purificación Claver.