Más de cien inauguraciones en el último mes a cargo de nuestros políticos extremeños, para hoy mismo 28 de marzo, último día de la cosa, unas quince, nos dan una idea clara de cómo está el patio, señoras y señores, y es que el patio está cuanto menos ¡ encharcado! Y no por las lluvias caídas, ni mucho menos.
Me decía un buen amigo que las inauguraciones que se marcan los dirigentes en los últimos días de las legislaturas son como los estertores que recibe el cuerpo humano cuando se quiere recuperar y no hay manera. Y que por supuesto, son muy perjudiciales para la salud. Que no sirven más que para hacer el intento de mostrar la obra bien hecha pero que cuanto menos sirven para ver las carencias de una gestión que si bien se pueda justificar en eso, las inauguraciones, se ve roma en otra serie de aspectos de dicha gestión, que en lo global, deja mucho que desear. Yo no sé si usted estará muy de acuerdo o no, pero yo que por obligación profesional no he hecho otra cosa en este último mes que asistir a una buena cuantía de las susodichas y he llegado a la conclusión, entre otras disquisiciones varias, en que estoy muy de acuerdo con mi amigo.
La mejor gestión de un político es la obligación del deber cumplido, la satisfacción de un trabajo bien realizado, la sensación de tener la conciencia tranquila porque lo llevado a cabo es lo correcto, la presunción de que lo que se ve es la realidad y no ficción, la convicción de que haber ocupado un cargo público ha servido para el enriquecimiento de experiencias vitales, que de las otras unos saldrán mejor parados que otros, según intereses y suertes.
Ellos han corrido cortinillas, normalmente de color rojo o azulón. Ustedes hagan lo que estimen oportuno, yo, de momento, corro un mefistofélico velo y me preparo concienzudamente, con gimnasio incluido, no es para menos, para afrontar la carrera del 22M. Mientras tanto ¡ chsss! Lo que ya corre es el tiempo de forma desenfrenada..¡ Esto es la guerra, señoras y señores ¡