Domingo, 17 abril 2011

El holocausto español, de Paul Preston

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Juan Cruz


Estoy leyendo El holocausto español, de Paul Preston, publicado por Debate. Preston dice, en la introducción, en el capítulo (tan anglosajón) de las gratitudes: "(...) Gabrielle [su esposa] es la única que conoce el coste emocional que ha supuesto la inmersión diaria en esta crónica inhumana". Cuando uno entra en el libro puede imaginarse a Preston, gran amigo de España y de los españoles, enraizado en esta tierra por la vía del sentimiento y de la amistad, sufriendo aquella historia que cuenta. Pues el libro es, desde el principio, reflejo de su subtítulo: Odio y exterminio en la Guerra Civil y después. Preston parte de la construcción del odio, que fue sistemática, primero parcial y luego prácticamente generalizada, para explicar en seguida las consecuencias exterminadoras de ese odio. Cifras de la represión aparte, lo que sobrecoge aún hoy, quizá porque esos flecos difamatorios que se pusieron en marcha se pueden detectar ahora también, es la manipulación que subyacía, desde la prensa y desde el púlpito y también desde los escaños parlamentarios y los mítines, para azuzar las bases del odio hasta la desvergüenza. Recoge Preston este parlamento de un cura de Castellón, en plena construcción del odio hacia lo que suponía la República en cuanto ésta empezó a legislar de manera que la Iglesia católica consideró lesiva: "Hay que escupir y negar hasta el saludo a los republicanos. Debemos llegar a la guerra civil antes de consentir la separación de la Iglesia y el Estado. Las escuelas normales sin la enseñanza religiosa no forjarán hombres, sino salvajes". Joaquín Beunza, parlamentario vasco-navarro, siguió una línea parecida en otra argumentación que recoge Preston y que contiene una larva entonces habitual, la larva de la que nació la Guerra Civil: "¿Somos hombres o no? Quien no está dispuesto a darlo todo en estos momentos de persecución descarada, no merece el nombre de católico. Hay que estar dispuesto a defenderse por todos los medios, y no digo por los medios legales, porque a la hora de la defensa todos los medios son legales". José María Gil-Robles, el jefe de la CEDA, manifestó el primer día de 1932: "En este año de 1932 hemos de imponernos con la fuerza de nuestra razón y con otras fuerzas si no bastara. La cobardía de las derechas ha permitido que los que en las charcas nefandas se agitaban hayan sabido aprovecharlo para ponerse al frente de los destinos de nuestra patria". Después de una venganza perpetrada por sus hombres en un pueblo extremeño, el director general de la Guardia Civil, José Sanjurjo, luego golpista, arremetió contra la diputada socialista Margarita Nelken: "Lamentó [recoge Preston] que se le hubiera permitido ser diputada parlamentaria ´siendo extranjera y judía, circunstancia ésta que le daba una especial calidad como espía`". Por las venas del libro recorre como un escalofrío un lenguaje que no es propio tan solo de aquella época, pues allí no se enquistó el odio, el deseo del mal al otro, sino que transcurrió y pervive como se lee hoy mismo en medios que siguen azuzando como señuelos de su inquina los mismos estandartes que entonces se exhibían para acabar con la existencia de la República y, lo que es peor, de los propios republicanos, todos y cada uno. El estandarte decía entonces Religión, Patria, Familia, Orden, Trabajo y Propiedad, palabras con las que Acción Nacional, creada por Ángel Herrera Oria, el fundador de El Debate, el periódico católico militante, irrumpió en la vida nacional para declarar "la batalla social" contra la República por iniciar "el exterminio de esos principios imperecederos". "En verdad", explicaba el manifiesto de Acción Nacional, "ello no se ha de decidir en un solo combate; es una guerra, y larga, la desencadenada en España". El primer Gobierno de la República acababa de instalarse y ya estaban ahí esos clarines del miedo, que luego ensombrecieron, poco y a poco hasta que la oscuridad fue total, la vida española con una guerra cuyo sustrato fue el odio. Seguiré leyendo el libro, y ojalá ustedes lo lean también.

Juan Cruz

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2 Comentarios
Prudente
Fecha: Domingo, 1 mayo 2011 a las 00:44
Dios mío que forma de sesgar y hacer partidismo. Si el prestón ya está viciado por las izquierda en manos tuyas es un fusil. Vaya forma de leer la historia y de enfocarla al antojo.
brunete
Fecha: Domingo, 24 abril 2011 a las 12:12
Oiga, Sr. Cruz: Usted no se refiere nada más que a las barbaridades que dijeron los de una parte, de lo que dijeron los de la otra no dice ni pío. Es un usted un sectario que no tuene crédito alguno. Vamos, hombre ¿se cree que somos tontos?
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