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Viernes, 17 febrero 2017

005. CARTA ABIERTA A SU ALTEZA REAL DOÑA CRISTINA DE BORBÓN Y GRECIA

Foto de Itba.es

CARTA ABIERTA A SU ALTEZA REAL DOÑA CRISTINA DE BORBÓN Y GRECIA

 

 

Alteza Real, Señora:

 

 

Seguramente no ha tenido tiempo de leer las interesantísimas obras del Abogado y Secretario del Museo de Pintura del Prado Don Manuel Díe y Mas, editadas en 1900 y 1902, la primera en la Imprenta de la sucesora de M. Minuesa de los Ríos (Calle Miguel Servert número 13, teléfono 651) y la segunda por M. Romero, impresor (Calle Libertad número 31, teléfono 31) en ambos casos de Madrid, Capital del Reino de España, entonces y ahora. Versa la primera de las entregas, con 271 páginas, sobre las nociones del derecho civil de las familias reales, matrimonios de reyes y príncipes; y la segunda, algo más reducida con 247 páginas, sobre las nociones del derecho civil de las familias reales, causas modificativas de la personalidad.

 

 

Nos atrevemos a deciros que bien podían haber sido libros de mesilla, o de consulta diaria y permanente, al modo de biblia a la que acudir en busca de consejo, meditación y soluciones, pues tan insigne como olvidado letrado construyó todo un sistema. Sistema basado en la ejemplaridad y el deber que obliga a las Reales Personas a sacrificios y entregas que no son necesarios en las personas reales. Vamos con vuestro permiso a copiar algunos de sus acertadas doctrinas, reseñada en el primero de sus libros:

 

 

El Rey - y por extensión la Real Familia -  no es un hombre privado, sino público que no pertenece a su familia, sino al País (página 2).

 

 

Siempre ha sido y sera una verdad que los reyes, desde su nacimiento hasta su muerte, pertenecen al derecho público (página 3).

 

 

En la Familia Real, el derecho civil es un derecho de excepción, porque su carácter individual se ve influido por el público del Monarca, que es el que imprime el sello de personalidad especial a este sujeto de derecho (pagina 3).

 

 

Los reyes son la personificación de la autoridad social, y carácter público toman, por tanto, los sucesos más íntimos de su vida, hasta las amistades y los matrimonios (pagina 3).

 

 

Las dos personalidades del Rey, la civil y la política, se reunen en una personalidad física, y no pueden considerarse las excepciones como privilegios de la ley civil, porque surgen espontáneamente y por su misma naturaleza a causa de su dignidad de soberano. La constitución inglesa lo ha declarado así: la ley, dice, no reconoce en el Rey una prerrogativa o preeminencia sobre cualquier otra persona, fuera del derecho común inherente a la dignidad Real con arreglo a las leyes fundamentales del Reino (página 4).

 

 

Si profundizamos las nuevas relaciones jurídicas que la autoridad Real hace hacer, vemos que el Monarca, lejos de gozar un carácter privilegiado en el orden civil, tiene una condición inferior relativamente  a la de los demás ciudadanos. (página 5).

 

 

La familia en cuyo seno ha nacido – el Rey y los Infantes – es política, por eso suele decirse que la Familia Real es la familia de la Nación; sus hijos, hijos del Estado; su derecho, el derecho público de los pueblos; la razón de su existencia, una suprema razón de Estado (pagina 7).

 

 

En derecho penal se observa todavía más pronunciada la imposibilidad de deslindar en el Rey o en la Familia Real sus dos personalidades. Si se examina el delito, tanto en el orden abstracto como en el legal, vemos en la generalidad de los casos sólo su personalidad política. (página 9).

 

 

La Corona no cabe lastimar a nadie, ni perjudicar los intereses de los pueblos, ni producir alarmas, ni afectar al crédito nacional, ni echar por tierra la prensa y la tribuna (pagina 11).

 

 

Señora, podíamos seguir hasta el final y luego con el siguiente tomo, creo sinceramente que no es necesario. Reconozco que no es una lectura fácil, pero entiendo que quien dispone de titulación universitaria, conforme a las disposiciones boloñesas homologada y correspondiente al Grado, puede acometerlas. Más interesante todavía si hablan de las disposiciones legales que afectan a su familia, o donde conocería interesantísimos asuntos de la misma, como por ejemplo la inconstitucionalidad del Real Decreto de Regencia de 26 de noviembre de 1885, dictado con motivo de la muerte de vuestro tatarabuelo, Su Majestad el Rey Alfonso XII. De su estudio y consideración se deduce lo que Vuestra Alteza Real seguro ya ha deducido, pero permítame dejar, en buena traza académica, dejar las conclusiones para el final.

 

 

Otra lectura, más relajada y amena, es la de la obra El Prisionero de Zenda, de Anthony Hope, que en su capítulo XXI, titulado Hay algo más que amor, es muy elocuente. Su Alteza Real la Príncesa Flavia, segunda en la sucesión al trono de Ruritaria y prometida de su primo el Rey Rodolfo V, le dice a su también primo y enamorado del mismo nombre y copia gemelar del Monarca lo siguiente cuando le propone y promete este amor eterno en una escapada del Reino:

 

 

Hay algo más que amor, dijo en voz baja, con dulcísimo acento. Si el amor lo fuese todos, yo podría seguirte hasta el fin del mundo, aunque tuviese que vestir harapos, porque mi corazón te pertenece. Pero ¿no existe algo más que el amor?. Bien sé que se habla y se escribe como si el amor lo fuese todo. Quizás lo sea para algunos. Pero si lo fuera también para ti, Rodolfo, hubieras dejado morir al Rey en su prisión. ¿Y la honra de la mujer, Rodolfo? ¿Ella me manda ser fiel a mi patria y a mi cuna? ¡No se por qué Dios me ha hecho amarte pero también me ordena quedarme!.

 

 

Señora, las cosas están más claras, no hay duda de su amor, posición envidiable y que admiranos, pero no soís una persona común, sino una Real Persona y eso conlleva obligaciones que respetuosamente nos atrevemos a deciros que habéis desatendido y eso supone una responsabilidad, que ahora le están determinado, en calidad de condenada por lucro en un tribunal de justicia presidido por la imagen de su hermano, el Rey, que nada tiene que ver con esto, pero que lo sufre institucionalmente todos los días.

 

 

Renunciad Señora, recordad vuestra posición y vuestra cuna, vuestras obligaciones para con el Reino y con la Real Familia, recordad Señora vuestro deber de ejemplaridad incumplido y recordar Señora que la Corona está por encima del amor y si el amor se impone, como le pasó a vuestro tío Eduardo VIII de Inglaterra, lo que es muy legítimo, se deja la Corona. Renunciad al Infantado Señora, que es lo único que os queda, pues nos volvemos a atrever a deciros que nunca habéis tendido derecho al trono, nacida como soís estando en vigor la Ley de 1947 y no haciendo salvaguarda de derecho alguno respecto a vuestra persona la Constitución de 1978. El Ducado ya está revocado.

 

 

Renunciad, que si fue una Infanta de España la que se sentó en el banquillo, que no sea una princesa europea la que por primera vez en la historia y en casa reinante, la que afronta un marido en la carcel, nada perdéis que no tengáis ya perdido y nada pierden sus hijos, pues nunca nada han tenido, salvo la Grandeza de España y el tratamiento de Excelentísimo Señor que conservarán tras su renuncia al Infantado, es lo que tienen y tendrán pues nunca han tenido derecho alguno de sucesión en el trono de España.

 

 

Señora, Vos no perdéis nada, pero los españoles pierden mucho. Costó muchos sacrificios llegar a la monarquía constitucional parlamentaria. El día que vuestro padre el Rey Juan Carlos llegaba a España en 1948 en el Lusitania Express, moría apaleado en un calabozo de la dictadura un estudiante monárquico. Años más tarde dos jóvenes, de otro Rey, pero defendiendo el mismo principio, murieron ametrallados en Montejurra. Renunció al trono vuestro abuelo Juan, Rey de unos, aparcó su reclamanción vuestro tío Carlos Hugo, Rey de otros. Vuestro padre supo llevar a la nación de una dictadura a un régimen constitucional, no sin dificultades y ganándose el apoyo al proceso constituyente de la Segunda República con su Presidente y su Gobierno en el exilio.

 

 

Todo en pos de la convivencia y entendimiento de los españoles en un régimen constitucional de democracia representativa en la forma de monarquía parlamentaria que día a día habéis puesto en peligro en un agotador y continuo paseillo por la puerta del juzgado y sentada en el banquillo, que no queremos ni debemos prolongar un solo momento más. Si no renunciáis al Infantado, haciendo el último y posible servicio a la dinastía, al Reino Constitucional de España y a todos los españoles, habrá que poner en marcha los recursos legales de los que se dispone, junto con los antecedentes que existen, para evitar que una Infanta de España condenada por lucro, lo siga siendo, no puede ni debe correrse ese riesgo, al que su empecinamiento nos lleva sin remedio. El gobierno, un gobierno constitucional en ambos casos, en los dos siglos pasados, XIX y XX retiró mediante Real Decreto la dignidad de Infante de España a quienes habian nacido con ella, vuestra persona sólo fue creada Infanta de España en 1987, es todavía más fácil.

 

 

Renunciad Señora y afrontad vuestra falta de ejemplaridad, a lo único que estabáis obligada, desde el común de la ciudadanía y vuestro amor. No hay recovecos, ni otros caminos,  pues contra todo pronóstico quienes aventuraban interesadamente el peso de la Corona para evitar vuestro procesamiento han fracasado, estáis donde no debiáis estar. Esos comentarios han perjudicado al Rey, al pasado, vuestro padre, y al presente vuestro hermano, quiera el destino que no perjudiquéis tambien a la futura Reina, vuestra sobrina. Es por eso que no os vale de nada y nos perjudica a todos mucho, más cuando seréis despojada de la dignidad antes o después. Vuestra inocencia en vía penal como persona común no arreglará el daño que habéis hecho como Real Persona e Infanta de España por eso muchos españoles, que parecéis ignorar,  queremos con más insistencia cada día que quien pague la multa sea la Señora Doña Cristina Federica Borbón Grecia, con el tratamiento debido a su condición de Bachiller y que siga ya usted, y solamente usted, con su amor y sus asuntos, siendo sólo una lastimosa parte de la historia de nuestra Real Familia que no habrá que olvidar y de la que habrá que aprender para no cometer los mismos errores.

 

 

Renunciad Señora, recordando las palabras de vuestro bisabuelo Alfonso XIII a vuestra tia abuela la Infanta Beatriz, que no disimuló su pánico ante el vuelo sobre Palacio de los aviones sublevados en el aeródromo de Cuatro Vientos el 15 de diciembre de 1930, cuando sólo arrojaban octavillas, el Rey le espetó a su hija:

 

 

Cuando se tiene el honor de ser Infanta de España, debe estar una siempre dispuesta a morir con valor. [1]

 

 

 

 

No se le pide tanto, pero acabe con esto, cuanto antes mejor, Señora Urdangarin. [2]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Tavera J.L. Los últimos días. Esplugas de Llobregat. Provincia de Barcelona, Reino de España. Plaza y Janés. 1976. 423 páginas. Página 98.

[2] El primer libro de referencia, Nociones de Derecho Civil  de las familias reales, matrimonios de reyes y príncipes se puede encontrar en www.roda.gobex.es/roda/get/libro:7fb4a98b-cb00-45b3-a697-b480a5e7a840/PDF/.pdf

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