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El diario digital de Extremadura
Martes, 28 marzo 2017
Actualizada el: 14:21
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Félix Barroso Gutiérrez
Lunes, 27 febrero 2017
LA PINGOLLA

EL REY QUE NO QUERÍA SERLO

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Cuentan los viejos cronicones que aquel godo llamado Wamba andaba arando con sus bueyes cuando vinieron a buscarle para nombrarle rey.  Había muerto Recesvinto y andaban buscando sucesor.  Ya iba madurito el amigo Wamba.  Al comunicarle la noticia, afirmó rotundo: “Cuando florezca la aguijada con la que azuzo a los bueyes, entonces aceptaré el cargo de rey”.  Los relatos hablan de que, no tardando, floreció aquella vara, pero aun así no aceptó de buen grado.  A la fuerza lo llevaron a Toledo y allí fue consagrado monarca por el obispo Quirico.

 

 Anoche (noche del sábado al domingo), regresamos de andar metido hasta las mismas cejas en la más que movida algazara del “Carnaval Jurdanu”.  Gran parte del pueblo de Azabal volcado en el festejo.  A la cabeza, su alcalde: Isidro Alonso Herrero.  Las mujeres muy bien coordinadas por Raquel Domínguez Sánchez.  Por aquello de que se espera que estos antruejos (únicos en Extremadura por su carácter mítico, legendario y libertino) sean declarados Fiesta de Interés Turístico, había varios equipos de televisión.  Hasta de Finlandia se acercaron a estas montañas.  Con ellos compadreamos chapurreando en la lengua de Molière y de Shakespeare, pues la verdad es que no entendían ni jota de castellano. También ayer las “corróbrah” carnavalescas obligaron a un pobre y humilde aldeano a desempeñar el papel de rey durante todo un año en la comarca de Las Hurdes.  Sin embargo, este viene a ser un rey republicano, tal y como se exponía en el “Pregón del Entrueju” y que él escuchó atentamente encaramado en un simpático jumento:

 

       “Son reyes republicanos                                              con hojas muy afiladas

      los que en Hurdes se proclaman.                                 y va trasquilando al pueblo

      Es el pueblo quien los nombra.                                    desde Ramos a las Pascuas.

      Son gente de buena casta;                                           El cargo no es heredado,

      no de la casta maldita                                                  que es cosa antidemocrática.

      que roba en públicas arcas,                                             Los nuestros son buenos reyes,

      corrupta por todos lados,                                     que se ganan su soldada                                          

      totalmente putrefacta,                                                 trabajando noche y día

      que gasta enormes tijeras                                            por estas tierras tan bravas…”

    

 

Recayó el título de soberano sobre la cabeza del paisano Diego Talaván Cayo, que vio la luz un día de San Saturio y San Eleuterio, allá por el 2 de octubre de 1981.  Le entregó los atributos de la realeza republicana el rey saliente, venido desde la alquería de Horcajo, David Gutiérrez Romero.  Ahora le tocará velar, si es que reciben la confirmación (no por manos de obispo alguno sino de la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura) de Fiesta de Interés Turístico, para que ni un solo Ayuntamiento o asociación fragüen actividades carnavalescas en la zona el “Sábadu Gordu del Entrueju”.  Igualmente, para que maestros y AMPAS de la comarca se abstengan de adobar ese “Carnaval de Plástico”, que bastardea las mentes de nuestros escolares y estudiantes y les fuerza a interiorizar unos montajes a base de concursos y premios que nada tienen que ver con las raíces y la singular identidad del territorio jurdano y que no son sino bodrios totalmente opuestos al auténtico espíritu del carnaval, que nunca fue competitivo y burgués, sino solidario, fraternal y del pueblo llano.

 

     Y pare usted de contar, que no conocemos más casos de reyes que no hayan querido serlo.  El ser elevado a un confortable trono aunque sea una dictadura genocida la que otorgue el cetro y la corona no es obstáculo alguno.  Que se lo preguntan sino al ciudadano Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón, más conocido por “El Campechano”.  Éste ha sido el que de forma reiterada manifestó que “todos los españoles somos iguales ante la ley”.  Ni él se creía  una gran mayoría de las frases que le servían al dictado.  Porque si esa afirmación fuese cierta, ¿qué pintan todos esos aforamientos de políticos y otros peces gordos de la nación y por qué sigue vigente esa supuesta inviolabilidad del monarca?  El gran amigo de las corruptas y medievales satrapías del Golfo Pérsico ya anda disfrutando de una regalada jubilación, después de amasar una fortuna que el periódico neoyorquino “The New York” calcula en 2300 millones de euros.  Ha dejado paso a su hijo Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, al que le han colocado el sobrenombre de “El Preparao”.  La reina consorte, como es sabido, es Letizia Ortiz Rocasolano, a quien el libro “Las princesas herederas de Europa”, de la periodista y escritora Karen Séneca, moteja como “La Hambrienta”, aunque también es conocida en otros medios como “La princesa Cerilla”.

 

     Ni que decir tiene que todos esos reyes coronados y que viven en lujosos palacios mientras hay millones de seres humanos que no tienen un techo donde cobijarse, pertenecen, al igual que sus bisabuelos y tatarabuelos, al “establishment” y a la “beautiful people”.  A ésta ya la puso como chupa de dómine la canción de metal industrial “La gente hermosa”, de la banda estadounidense “Marilyn Manson”.  Más sombras que luces en la larga lista de Borbones, aunque ya de por sí es toda una afrentosa sombra el que haya gente en el mundo que por ser quienes son, sobre todo en los regímenes que se llaman democráticos, se peguen la vida padre porque dicen tener sangre azul y regir los destinos de sus súbditos “por la gracia de Dios”.  A los que no creemos en dioses, reyes ni banqueros, sinceramente nos solivianta que se pisotee aquello de “Un hombre, un voto”.   En ese “establishment” andan todos rebujados:  aristocracias, grandes financieros, políticos bipartidistas que han hecho y deshecho a su antojo a lo largo de toda la Transición (muchos de ellos ya ostentaban importantes cargos en el franquismo, sobre todo la derecha política y económica), terratenientes que jamás han conocido cuajar una reforma agraria revolucionaria, el sector integrista de la Iglesia, cargos de la judicatura, militares que siguen manteniendo los mismos privilegios que en la dictadura o periodistas con el colmillo retorcido de la caverna mediática.  Todos ellos incensados por el botafumeiro que guardan con gran celo en el palacio de La Zarzuela.

 

     No resulta, por ello, nada extraño que los manifestantes concentrados  el pasado viernes, día 24 de febrero, en la madrileña Puerta del Sol lanzaran a grito pelado aquello de “¡Se acabó la Transición, los Borbones a prisión!”.  La gente está ya hasta el moño de tantos dobles raseros y tantas varas de medir.  Se condena al rapero mallorquín Joseph Miguel Arenas, “Valtonyc”, a tres años y medio de prisión y 3000 euros de multa por utilizar un lenguaje mordaz contra la monarquía y la derecha y absuelven a la infanta Cristina por considerarla medio tonta o tonta del todo, como han aseverado diversos comentaristas políticos.  El Fiscal General del Estado, José Manuel Maza Martín, purga al fiscal superior de Murcia, Manuel López Bernal, que investigaba a Pedro Antonio Sánchez López, presidente de la comunidad murciana, acusado por el juez Eloy Velasco Núñez de cohecho, fraude y revelación de información.  Y para remate de feria, el ministro de Justicia, Rafael Catalá Polo, persigue a las fiscales del caso “Púnica”.  López Bernal ha denunciado “intimidaciones y desprotección”.  La Unión Progresista de Fiscales (UPF) pide la dimisión del ministro.  ¿Adónde fue a parar la separación de poderes?  Se están saliendo muchas cosas fuera de madre y los gazpachos indigeribles y las meriendas de negro se suceden unas tras otras.  Y la Casa Real, mientras tanto, poniéndoles alfombras al presidente de Argentina, Mauricio Macri Blanco y a su esposa, Juliana Awada Baker.  Macri está implicado en los “Papeles de Panamá”, acusado de perseguir y encarcelar a activistas sociales y, al igual que el Gobierno de Mariano Rajoy Brey (de la misma cuerda política que la del argentino), de castigar a sus conciudadanos con todo un “tarifazo de gas, agua y electricidad”.  Hipocresía política y diplomática, siguiendo el mismo carril que “El Campechano” respecto a su “primo” Mohamed VI, rey de Marruecos, poco escrupuloso con los derechos humanos, o sus otros “parientes”, aquellos que dirigen las teocracias petroleras.

 

     Qué pena que no surjan más a menudo reyes que no quieran serlo.  O reyes republicanos, como los elegidos en concejo abierto por los vecinos de Las Hurdes.  Decía Francisco Morazán Quezada, que fue presidente de la República Federal de Centroamérica en la primera mitad del siglo XIX, que “para extirpar el mal de la naciones, es preciso destruir las monarquías”.  Nosotros no vamos a mentar la guillotina ni a evocar El Terror de la Revolución Francesa en aquellos años de 1793 y 1794.  A lo mejor podemos estar en cierto modo de acuerdo con el anarquista Pierre Joseph Proudhon, el que definía a la monarquía como el “martillo que aplasta al pueblo”.  Pero nos conformamos con que la gente exija a los monarcas que si quieren jugar a la política, funden un partido político y se presenten a las elecciones, debiendo abandonar sus palacios en un plazo que no abarcará más de dos inviernos.  Entre tanto, escuchamos la voz enfebrecida de aquel poeta que, remando entre las telarañas brumosas del último mes del año, se sinceraba con su amada y alababa su profundo sentir republicano.

 

                                     “¡Yo jamás seré tu reina!  ¡Qué horror!”

                                             Eso me dijiste muy vehemente,

                                    mirándome a la cara, frente a frente,

                                    y mordiendo tu entraña el resquemor.

 

                                       Nunca reina y rey alrededor.

                                    Monarquía te era oscura y decadente;

                                    lo tuyo era república decente,

                                    gorro frigio y bandera tricolor.

 

                                       Siempre rojos hematíes, que no azules,

                                    aunque el azul nimbara tu figura;

                                    azul de amanecer entre abedules,

 

                                       realzando cada día tu guapura.

                                    Guardabas bello paño en tus baúles,

                                    y no eran regios su hilo y su costura.

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