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El diario digital de Extremadura
Domingo, 26 marzo 2017
Actualizada el: 18:21
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Carmen Heras Pablo
Jueves, 16 marzo 2017

BARCELONA, CATALUÑA

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Conocí Barcelona allá por los setenta del siglo pasado cuando unos tíos, instalados allí, nos invitaron a conocer su nueva casa y a Cataluña, durante una quincena del mes de julio.

 

Y allá que nos fuimos. Mi padre, castellano tenaz, nos metió a todos en el pequeño utilitario y sin más herramientas que su intuición orientativa y un mapa de carreteras, cruzamos de parte a parte el país para ver a la familia.

 

Recuerdo perfectamente la impresión que me produjo la ciudad, con calles de subida y de bajada, perfectamente en cuadrícula, con sus hermosos parques y monumentos, con sus zonas antiguas que yo había leído en novelas clásicas. Era verano, pero los horarios europeos se cumplían a la perfección. Las playas abruptas e inhóspitas tenían la belleza de lo no hollado...era otro país.

 

He vuelto muchas veces a Barcelona. Ahora que "reconozco" los afanes de Ada Colau en el ayuntamiento barcelonés en los propios que yo misma sufrí en el cacereño, fruto de la falta de mayoría absoluta, me viene a la memoria la belleza del edificio donde está la casa de todos los barceloneses, y que fuera costeada por la burguesía, algo que no es común en otros lugares.

 

Subimos la montaña de Monserrat para ver la Moreneta en un coche atestado de niños y adultos y nunca olvidaré las pendientes de las curvas y el licor hecho por los frailes del Monasterio. Ni al Tibidabo, ni a la Sagrada Familia, ni la fuente de Canaletas, ni las Ramblas de noche, el Paseo de Gracia o el Barrio Judío...

 

Quizá por esta mezcla de afectividad y recuerdos no puedo entender lo que está ocurriendo con Cataluña. Esa imagen que algunos cuentan y otros transcriben sobre una zona insolidaria y obtusa. Nunca la he visto así.

 

Cuando llegara Felipe González al gobierno de España y colocase a Maravall al frente de la reforma educativa española y a Rubalcaba en la "sala de máquinas" de la misma, la manera progresista de entender el hecho educacional por los catalanes del equipo impregnó muchas decisiones gubernamentales de calado. La escuela como base y la formación continua del docente, como bandera, fueron criterios respetados y asumidos por todos. Para los que nos dedicamos a la enseñanza de futuros profesores, sus  estudios e investigaciones fueron siempre guías interesantes por lo que tenían de innovacion y eficacia. Eso por no hablar del papel de la donna en la esfera pública...tan inteligente, muchos años luz por delante de lo qué vendría después.

 

Yo no "compro", por tanto, ese discurso de quienes siempre necesitan enemigos  exteriores para justificar sus pequeños o grandes fracasos políticos. Sálvense las dificultades de otra forma. Nunca me ofrecieron nada los extremismos, por abajo, por arriba, o por los lados. De la importancia del hacer y de los votos catalanes pueden hablar cuántos hacen prospectivas de sucesos y encuestas anexas. Aún recuerdo aquella noche en el Congreso de los Diputados en la que se discutió la inclusión de una partida para el AVE,  si o no, en los Presupuestos Generales del Estado.

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