Aquel recorrido diario por la autopista nueva, me resultaba tremendamente aburrido por la costumbre. Eran cincuenta minutos lo que tardaba en aquel trayecto habitual y rutinario, puse algo de música al azar y Freddy Mercury sonaba con su voz magistral . La música puso el ambiente justo, para darle a tope al acelerador, una pequeña distracción, me hizo pasar de largo de la vía que bifurca a la derecha, seguí hacia adelante, buscando un cambio de sentido para volver a mi camino, sin embargo no había ni un atisbo de que pudiera regresar a el. Pasaba el tiempo y me encontraba encerrada en aquella autopista dividida por un gran muro de hormigón. Por fin una señal a la entrada de un túnel, anunciaba un cambio de sentido para retroceder. Entré en el inmenso subterráneo que estaba bien iluminado y tenía el ancho suficiente para no sentir sensación de encierro. El túnel anunciaba su salida con grandes carteles luminosos, al cabo de un rato su luz me deslumbraba sintiendo un molesto escozor en los ojos; intenté parar a la derecha y vi aterrada que un gran foso se abría a lo largo de toda la vía, miré el cuentakilómetros y llevaba 20 Km. metida en aquel maldito túnel. El contador del combustible me avisaba que este había bajado considerablemente; con recelo fuí deslizando mi coche de nuevo a la derecha, quedándolo al filo de aquel precipicio, -pensé- en pedir socorro a cualquier automovilista que pasara -no se cuanto tiempo trascurrió-. Mi teléfono móvil quedó bloqueado sin dar una sola señal de que existiera conexión con el exterior, sentí un estado de ansiedad y grité con todas mis fuerzas. En ese momento, una gran caravana de automóviles desfilaron antes mis ojos, estupefacta vislumbré que no podía pedirles auxilio, ya que todos los vehículos iban sin conductor.
Un megáfono con volumen muy potente informaba. -Lleva 30 Km., en un túnel totalmente virtual- todo es automático, si circula por aquí es posible que usted ni siquiera exista...
Desolada me puse de nuevo al volante, abrí la ventanilla y una mano enfundada con un guante de cuero negro sacudió mi hombro, mientras una voz masculina me hizo regresar de aquel túnel. -Señorita se ha quedado dormida en el arcén- ¿necesita algo? -No gracias- contesté aún con sopor. Cogí mi familiar vía a la derecha, respirando aliviada. Mi ciudad ya se distinguía cerca muy cerca...