Siempre fui muy dicharachera, quizás demasiado, por eso ahora me es tan difícil este silencio. A veces voy a casa de mi hija Norma y le hablo, pero es inútil mi voz ya no vibra en el aire, me pongo delante de ella y la contemplo, ella no puede vislumbrar que la observo, recorro la casa me gusta el olor a vida que desprende, ahora percibo todo con una ligereza “especial” será por mi nuevo estado. En ocasiones les doy bromas a mis hijos, como siempre hice y es que aún, no me adapto a pasar desapercibida, por eso tuerzo los cuadros de Norma y cambió las cosas de sitio, ella mira hacia arriba y exclama ¡ mamá¡ -Se que estas ahí- ¡deja las cosas tranquilas¡ y me voy “muerta” de risa, soy un espíritu novato. Hace poco que me vine al otro lado y la verdad me está costando adaptarme...