La Junta Electoral Central ha dado un paso grave hacia la
expresión de su torpeza si se confirma que prohíbe la protesta en la Puerta del
Sol. Esa protesta une a muchísima gente en una manifestación legítima. La
prohibición le da mayor carta de naturaleza, pues es un gesto que le da sentido
a la propia protesta: los garantes de los partidos políticos, que velan por la
limpieza electoral, tachan la aspiración de jóvenes y menos jóvenes que aspiran
a concentrarse precisamente para poner en cuestión el sistema del que
desconfían. No les gusta el sistema, lo dicen, es lo más claro que se les
escucha en medio de la masa de argumentos que saltan estos días en sus
declaraciones sucesivas.Y el sistema, que debiera ser ahora más inteligente y
más magnánimo, si quiere salvar su papel en la sociedad que defiende, decide
cerrar la Puerta del Sol. Ponerle puertas al campo, ejercer su derecho a
la llave para tapar el aire disociador del que hablaba Lope. Es un error,
pienses lo que pienses de lo que dicen los manifestantes. Hay una delicada
línea roja, en democracia, que no se debe propasar nunca; el deseo de limpieza
electoral no choca con el deseo de los que se manifiestan en la plaza de poner
sobre la mesa sus aspiraciones. Luego uno puede discutir las aspiraciones,
analizarlas una por una, con libertad y también con respeto y sosiego, pero lo
que no convoca al sosiego es esta decisión, que se produce mucho antes de la
jornada de reflexión que se sigue manteniendo quizá de manera anacrónica en nuestro
sistema electoral. Pero mientras esté vigente esa norma, reflexionemos,
respetemos esas veinticuatro horas. Y respetemos ahora la concentración del
15-M, estemos o no de acuerdo con los postulados que conocemos e incluso con
aquellos que nos parecen más incomprensibles o abstrusos. Cerrando la Puerta
del Sol la Junta Electoral Central ignora qué otras puertas está abriendo