La vida es como una película por la que transcurren numerosos personajes. Pero
la VIDA —conglomerado de vidas e inmensa película— se rueda desde un montón de
cámaras, tantas como seres humanos existen. Cada individuo tiene una
apreciación personal, única e intransferible de su entorno. Pongamos un
ejemplo: en mi vida hay personajes principales y secundarios, que se
corresponden, respectivamente, con las personas más cercanas e influyentes y
con aquellas, que si bien están más alejadas, también tienen cierta
importancia. Luego, como en toda buena película que se precie, están los
extras, que pasan sin mucha pena ni gloria, sin aportar casi nada, como
estrellas fugaces, que sin embargo son necesarias aunque sea para adornar, para
dar colorido. Yo también soy un personaje en la película de la vida de otras
personas. En algunas ocasiones soy un personaje principal, de los relevantes,
en otras soy un personaje secundario y en otras no soy más que un extra con el
que perder poco tiempo. Esta reflexión me ha servido para valorar, y de alguna
forma ponderar, la complejidad de las relaciones humanas. Por algo el cine está
considerado el séptimo arte.
Víctor Manuel Jiménez Andrada
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