Dando un paseo por los alrededores de la
urbanización, vi que en alguno de los chalets estaban desbrozando los
jadines, numerosas plantas se amontonaban a los pies del contenedor. Me
llamó la atención una planta en forma de paraguas y la recogí, era una
especie de “kentia enana” la llevé a casa y la trasplanté.
La
“plantita” iba tomando un color verde vivo precioso, la puse en el
arriate de mi jardín, colindante con el de mi vecina Justa. Mi vecina
solo tuvo que alargar la mano para alcazar la maceta. Porque al día
siguiente se plantó en mi casa mucho misterio. Con un gesto hostil me me
preguntó ¿Es tuya esta planta? Si- respodí- ¿Como ha llegado a ti?
estaba en mi escalera –respondío- no le encontré sentido y volví a
ponerla en un rincón soleado, en ese momento llegaron mis hijos, y con
mucha guasa me preguntaron... Mamá ¿es tuya esa planta? –Sí- ¿os gusta?
-es una Kentia enana- dije tan pancha, los dos se echaron a reir, y Luis
respondió. Ese será su apellido, porque su nombre es “María,” cogí el
pequeño tiesto con una cautela exagerada (como si fuera a morderme) y lo
tiré a la basura. En ese momento pensé en mi vecina y su mirada
maliciosa...