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Cuando en enero del año 2010, Felipe Vela renuncia a su escaño como concejal en la bancada del Ayuntamiento cacereño, le sustituye en su puesto una mujer, neófita en los asuntos del consistorio pero experta en la lidia social, no en vano su paso por sindicato CSI-F y Ateneo, entre otros colectivos, le habían curtido en el trato, amén de su propia formación y cualificación profesional. Se trata de María del Carmen Santos Moreno, bueno, Carmina Santos, mejor expresado, Carmina, como aquellos que la tratamos la nombramos, y como a ella le gusta que le llamen.
Carmina entra en el consistorio y lo primero que se encuentra, por mor de los innumerables pactos que se ha visto obligada a hacer la alcaldesa Carmen Heras, es con una concejalía de la envergadura de Cultura que ha sido una de las áreas más controvertidas en la legislatura, por diversas circunstancias pero sobre todo porque, también por los consabidos pactos, recayó en el histriónico edil de la izquierda de las izquierdas, Santiago Pavón, que entró en ella como un elefante en una cacharrería y se fue por la puerta de atrás, ya que fue cesado fulminantemente por la regidora municipal, por su peculiar forma de abordar la política, no acorde con los moldes exigidos por imagen, solvencia, responsabilidad y repercusión ciudadana que tiene un político.
Largo se lo fiábamos todos a Carmina, que recogió el testigo de la socialista María José Casado, que a su vez se encontró con la concejalía de golpe y la “soltó” de la misma forma, no digo que huyendo despavorida pero sí contenta y relajada por en quién la dejaba, y por no tener que asumir lo que Carmina aceptó, un dardo envenenado que había que “desinfectar” para una vez que se utilizara, no hiciera daño. Y a fe que lo ha conseguido, pues si bien los agoreros de turno creían que a Carmina el cargo y la responsabilidad le venían enormes, ella con su fair play, su savoir faire y su indudable capacidad de trabajo y gestión, ha sabido capear el temporal hasta el final de su responsabilidad, con un sin fin de actividades, acciones varias y eventos de prestigio, que no se han visto coronados en lo máximo por el infeliz suceso de la eliminación de Cáceres como candidata a la capitalidad Cultural europea en el año 2016, donde por cierto a Carmina no se le dio “la cancha” que por su cargo debería haber ostentado pero en fin, son cosas de la política, las incompetencias, los resquemores y los intereses varios que ella misma ha asumido con humildad y sin rechistar.
Para el escaso tiempo en el que Carmina ha estado en la política municipal, año y medio, compaginando su trabajo profesional con su gestión como concejala, en un cargo de enorme responsabilidad y repercusión social para el que debería haber estado liberada a tiempo completo, ha apoyado sistemáticamente, porque así estaba acordado, al equipo de gobierno municipal socialista, acertándose y equivocándose como es menester en la cosa política pero siempre pensando en cacereño. Porque ahí está el quid de Carmina, que piensa, cree, lucha y está convencida que trabajar por Cáceres es de los hechos más revelantes que a uno le puede ocurrir en la vida. Hay que respetar que lo haya hecho desde un partido minúsculo, Foro Ciudadano, creado y desarrollado a imagen y semejanza de otro personaje político, ya citado, pero lo indudable es que llegando como ha llegado Carmina a la gestión municipal, de absoluto rebote, porque no hay que olvidar que en principio iba a ser otro quién sustituyera a Vela, ha demostrado su cacereñismo a todas horas y en cualquier lugar, amén de su incuestionable capacidad de gestión, ya mencionada. Se podrá estar de acuerdo o no con sus planteamientos políticos, yo mismo discrepo en muchos de ellos, pero lo que no se le puede ni se debe discutir a Carmina es que todo lo que ha hecho ha sido por poner en valor a la ciudad de Cáceres, por encima de todo, y en ese “todo” podemos incluir lo que consideremos oportuno, y por cierto, con escasos medios, poco personal, depauperado presupuesto y sobre todo, escaso tiempo , mucho menos del que ella hubiera deseado para redondear su gestión.
Carmina se va del ayuntamiento como edil pero no se va de Cáceres. Yo creo que este matiz es importante. Porque sería una pena que un valor, demostrado y no valorado en su justa medida, se perdiera, como tantos otros, en el ostracismo y en el olvido aunque su impronta obviamente queda en los anales de la cultura cacereña, en los documentos oficiales y en la indiscutida hemeroteca.Una cosa es la política, donde a veces los ataques o los reproches entran dentro del juego al que ya estamos acostumbrados y otra es desdeñar a quién no se lo merece por lo que ha demostrado cuando ha tenido la oportunidad de hacerlo, con la exigencia debida, como ha sido, es, el caso de María del Carmen Santos Moreno, bueno, Carmina Santos, mejor expresado, Carmina, como a ella le gusta que le llamen quienes la conocemos y queremos.