Don Juan Carlos, es la EJEMPLARIDAD; ¿No os enteráis todavía?

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Nuestro buen Rey Juan Carlos I, que lo fue una vez restaurada la legítima y constitucional monarquía española entre el 29 de diciembre de 1978 -constitucional- y el 14 de junio de 2014, ha anunciado que se dispone a fijar su residencia fuera de España. Esta decisión, que podía haber tomado libremente tras renunciar a la Corona y aprobarse su abdicación por las Cortes Generales. (En España, a diferencia de otras monarquías europeas, la abdicación no es un acto soberano del Rey, sino que son los representantes del pueblo los que aceptan o no su renuncia haciendo efectiva o no la abdicación. Conquista del parlamentarismo medieval español frente al poder de la Corona, y procedimiento casi exclusivo de control de las Cortes en el marco europeo). Sin embargo tan importante noticia viene enmarcada por una serie de publicaciones con origen en un hombre y de una mujer que sostienen sus afirmaciones en su palabra, sin mayor prueba documental que la supuesta firma de don Juan Carlos autorizando una transferencia de fondos de una Fundación en la que figuraba como apoderado; que sepamos ni en España, ni en Suiza es delito ser apoderado de una Fundación y ello no supone en supuesto alguno relación de propiedad de los fondos de la misma. Todo lo demás es aire.

Pero desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que se da patente de verdad a cualquier publicación, nunca noticia o información, que desacredite a cualquier persona, siendo el daño reputacional insalvable en la mayoría de los casos; y lo que es más grave, pasamos del principio constitucional de presunción de inocencia -la culpa o el delito tendrá que ser probado-  a la necesidad del acusado, acusado en toda regla, de demostrar su inocencia o de lo contrario quedar condenado para siempre, lo que ocurre incluso cuando en sede judicial y tras largo procedimiento se demuestra que nada había. (Véase entre otros el caso del primer Presidente de la Junta de Castilla y León).

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El Rey don Juan Carlos, que nunca debe ser tratado con esa cursilería  de “Rey Emérito”, propia de los que desconocen historia, rango y protocolo, no está investigado por nada, no está imputado ni en Suiza, ni en España, ni hay fiscal en sitio alguno que le persiga por delito alguno; lo publicado es consecuencia de una investigación judicial, a un hombre en España y a una mujer en Suiza, por delitos varios y que dicen conocer lo que dicen, insisto, sin mayor prueba documental, llegándose a manifestar que se cobró una comisión, sujétense por favor, que se pagó tres años antes de la adjudicación de la obra, y que abonó inusualmente el licitante de la misma, no su adjudicatario, todo un despropósito en ese nefando mundo del que tenemos verdaderos expertos, que le pregunten a algún catalán desposeído de sus honores por el 3% y si es habitual pagar las comisiones de esta forma y no al revés; será clara la respuesta del “experto” que llegó a crear escuela en familia.

Dicho lo anterior, si no hay investigación, si no se imputa delito ¿Por qué va a marcharse nuestro Rey que lo fue durante 36 años de España? Sencillamente porque don Juan Carlos no ha entendido que el principio de ejemplaridad es aplastante como referencia de conducta para quien tiene que ser símbolo vivo de la Nación, valor arbitral, representativo y mediador entre sus poderes sin ser ya poder alguno. El Rey, antes, durante y después de serlo no puede poner en entredicho su conducta, siquiera puede dejar que pueda ser puesta en entredicho, no le cabe el beneficio de la duda, porque la duda socaba decisivamente el principio de ejemplaridad que encarna. Exactamente igual que un padre con sus hijos o un abuelo con sus nietos, casos todos ellos donde la ejemplaridad da paso a la autoridad, una autoridad que trasciende del marco legal puesto que se reconoce en familia de abuelos a padres y de padres a nietos solamente con un requisito: LA EJEMPLARIDAD.

Por eso el Rey no tiene, ni puede tener vida privada, debiendo tener exquisito cuidado con sus amistades y proximidades. Nuestro buen Rey Juan Carlos, que Dios guarde muchos años, es un hombre como todos, pero ha sido Rey y aunque ahora no lo sea esa condición supera su voluntad, si la ha tenido de pasar a ser una persona real, en vez de una Real Persona. Así las cosas don Juan Carlos no ha entendido que en la sociedad digital, de redes y publicaciones en tiempo real accesibles a millones de personas cualquier gesto, cualquier acto, cualquier desliz tiene repercusiones enormes para cualquiera que quiere atesorar algo fundamental, prestigio y ejemplaridad.

Los amores extramatrimoniales de su bisabuelo Alfonso XII y también de su abuelo Alfonso XIII tenían una muy limitada difusión más allá de la Villa y Corte, en tiempo real además de en Palacio poco más era sabido en provincias. Situaciones similares en estos tiempos están en redes sociales con millones de accesos en pocos minutos y acaban en el mismo poco tiempo con la percepción de respetabilidad de cualquiera. Don Juan Carlos, quizás hombre de otro tiempo respecto a estas cuestiones, no  ha sabido medir el impacto de sus viajes, acciones y relaciones y ello pasa ahora una injusta respecto a lo hecho, pero no desmedida respecto a lo percibido que le obliga a tomar decisiones dolorosas, aprendiendo en sus carnes que no hay vida privada para un Rey y que la ejemplaridad es una de las más pesadas cargas que conlleva la Corona, de la que es fácil desprenderse renunciando a la misma; siempre antes de ejercer como persona real y dejando atrás también todo lo que conlleva ser Real Persona. Nunca y menos en estos tiempos de transparencia absoluta se puede pretender tener un pie en cada lado de la línea que separa lo uno de lo otro, puede preguntar a su segunda hija como le ha ido al respecto.

En definitiva nuestro mejor Rey desde tiempos del que fue mejor alcalde de Madrid, con una trayectoria institucional y constitucional intachable, el Rey que aceptó la Corona de un dictador en un régimen de monarquía instaurada (del 22 de noviembre de 1975 al 14 de mayo de 1977) para acabar con el régimen y traer libertad y democracia a España, ha complicado su trayectoria personal con personas y situaciones que no es que no puedan pasarle a un Rey, es que no pueden tener siquiera la opción de pasarle a un Rey. Aprendamos a futuros y aprobemos normas que hagan imposible estos comportamientos pues la Ley marca el camino, evita la incertidumbre y obvia la tentación.

A pesar de los problemas del hombre, la figura del Rey pasará a la historia, con la templanza que da el conocimiento y la distancia, como la de un gran Rey, como lo será don Felipe VI y también en su momento la Reina doña Leonor II. El pacto constitucional es firme y la monarquía parlamentaria también, lo que el padre no entendió lo está recibiendo en vena directamente el hijo y la nieta también. La lección está aprendida, si los excesos de una persona comprometiesen a una institución en éste país no quedaría ninguna, si además esos excesos lo son cuando ya no se representa a instituto alguno con más motivo. Aprovechemos la circunstancia para enseñar más y mejor lo que es y representa la Corona, para que se sepa para que sirve un Rey de verdad y en profundidad, para que se alcance a comprender lo que es la tradición, legitimidad y constitucionalidad que la definen en el marco de una decisión democrática de dotarnos de esta forma de Estado. Sonrojo me produce el saber, por ejemplo, que la inmensa mayoría de los españoles desconocen que Su Alteza Real el Duque de Calabria es el siguiente en la sucesión del trono tras las hijas del Rey. Y más me altera ver como muchas veces los asuntos de la Corona son tratados ligeramente en páginas “rosas” o de cotilleo, o con apenas unos segundos en los informativos. Es el momento que la norma y la enseñanza nos hagan comprender que tenemos una de las mejores y más efectivas formas de representación simbólicas posibles que nos equiparan con las naciones más avanzadas del mundo; no en vano de los 10 países donde la democracia y el ejercicio de las libertades colectivas e individuales son más respetados, siete son monarquías parlamentarias constitucionales. Tengámoslo en cuenta.

Rodolfo Orantos Martín

De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.


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