¿QUIÉN ES EL “REY EMÉRITO”?

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La expresión “Rey Emérito” es incorrecta desde el punto histórico y protocolario español. No existe y es una cursilería imposible.

Viene de la coincidencia en el tiempo de las abdicación de Su Santidad el Papa Benedicto XVI y de la renuncia y posterior abdicación de don  Juan Carlos I, aplicando la prensa indocumentadamente la expresión de “Emérito” por equivocada comparación de situaciones distintas, dado que una existe en el protocolo pontificio y otra no existe en el protocolo español.

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Nuestro protocolo conforme a lo dispuesto en el Real Decreto de 2014 sobre la materia establece los siguientes tratamientos:

Su Majestad el Rey.

Su Majestad la Reina.

Su Majestad el Rey don Juan Carlos.

Su Majestad la Reina Sofía.

Si se escribe o habla de su reinado, lo correcto es decir “Su Majestad el Rey de España don Juan Carlos I”.

La costumbre española es continuar sin novedad con el tratamiento una vez renunciados y abdicados los reyes reinantes, de hecho o de derecho, desde la de Su Majestad el Rey Carlos I, también Emperador del Sacro Romano y Germano Imperio, que conservó en el Imperial y Real Sitio de Yuste el tratamiento de “Majestad Imperial y Real” “Emperador o Rey”.

También Felipe V, Carlos IV, Isabel II, Alfonso XII (que fue Rey desde la renuncia de su madre en 1870, si bien no lo fue de ejercicio hasta cinco años más tarde) y Alfonso XIII conservaron el tratamiento y título tras su abdicación, (Alfonso XIII renuncio a la Corona en su hijo Juan en enero de 1941, un mes antes de morir  incluso lo conservó el marido de doña Isabel, don Francisco de Asís, que fue “Rey consorte de España” con tratamiento de “Majestad”. Como lo fue con los reyes carlistas Carlos V y su hijo Juan III que conservaron tratamiento y título tras sus abdicaciones en 1845 y 1868 respectivamente.

Solamente don Juan Carlos de Borbón y Battenberg, Juan IV de España,  fue tratado como Alteza Real, en un desafortunado Real Decreto de 1987, y tras su renuncia al trono el 14 de mayo de 1977; si bien conservó el título de Soberanía Real de Conde de Barcelona; si bien en su entorno siguió siendo tratado de “Majestad” y “Señor” como le corresponde a un Rey, dándole los honores a él debidos en su funeral en 1993: lo que venía a enmendar el error del menor tratamiento regulado años antes.

Incluso José I Bonarparte está enterrado como Rey de Nápoles y Rey de España en París, e incluso a Amadeo I de Saboya no se le apeó el tratamiento en Italia y con el mismo está enterrado Amedeo I di Spagna (18451890), Re di Spagna (18711873)”, reconociéndose también el mismo a la Reina: Maria Vittoria dal Pozzo della Cisterna (18461876), Regina consorte di Spagna dal 1871 al 1873. Prima moglie di Amedeo I”. Cripta Reale di Superga. Italia.

En cambio,  Papa Emérito es el título que da la Iglesia Católica Apostólica Romana en su protocolo a un Papa que abdica. También es denomina del Pontífice Emérito u Obispo Emérito de Roma. Fue regulado tras la abdicación de Su Santidad el Papa Benedicto XVI para dar solución al problema de contar con dos Papas vivos en el siglo XXI, cuestión que aunque había pasado antes no suponía entonces la dificultad que ahora, puesto que las comunicaciones y la difusión social eran nulas o prácticamente inexistentes en esos momentos y no se provocaba confusión alguna. Conforme al protocolo pontificio el tratamiento solo es otorgado cuando el Sumo Pontífice, por libre y espontánea voluntad, decide renunciar al ministerio papal. Nunca si es depuesto.

También los Arzobispos y Obispos al renunciar a su dignidad cuando cumplen los 75 años, reciben el tratamiento de “Arzobispo u Obispo Emérito” sin perder tratamiento alguno.

Así las cosas, desde el 28 de febrero de 2013 ostenta este tratamiento Su Santidad el Papa Benedicto XVI, tras su renuncia al pontificado.

Es tras la decisión de Benedicto XVI de renunciar a su pontificado el 11 de febrero de 2013, cuando el Pontificio Consejo para los Textos Legislativos trató de dilucidar cómo debería tratarse a un Pontífice que renunciara a su puesto, que protocolo le corresponde y qué símbolos lo representarían y procedió a su regulación.

Cabe mencionar que la posibilidad de renunciar al ministerio petrino estaba contemplada en el Canon 332 del Código de Derecho Canónico. Sin embargo, ni en este, ni en ningún otro documento pontificio se contemplaba lo que ocurriría con dicho prelado después.

En la historia moderna del Papado sólo existe un caso el de Benedicto XVI, en el siglo XXI; los anteriores precedentes debidamente documentados se encuentran en la Edad Media con la abdicación de cinco pontífices, si bien ninguno recibió el tratamiento de Papa Emérito, puesto que no existía en el protocolo de Roma, son los siguientes:

  • Año 97: San Clemente I pensaba que los cristianos no debían tener un líder espiritual ausente, así de que  éste renunció a favor de Evaristo antes de ser martirizado. Murió a manos del verdugo el mismo año de su abdicación por lo que no se planteó el problema
  • Año 235: Ponciano, Obispo de Roma que permaneció en constante lucha con el antipapa Hipólito de Roma, hasta que ambos fueron deportados por el Emperador a las minas de sal de Cerdeña, donde pudieron limar sus asperezas y dar fin al primer cisma de la Iglesia  renunciando ambos en favor de Antero. Murieron ambos asesinados por orden de Maximino el tracio en las minas ese mismo año por lo que no hubo lugar a confusión.
  • Año 1009: Juan XVIII, se desconoce a ciencia cierta si su renuncia al pontificado fue ocasionada por presiones del patriciado romano o si fue por voluntad propia. En todo caso su abdicación es de principios del citado año, muriendo en su mes de julio, no dando lugar a controversia. Se había retirado a la Abadía de San Pedro extramuros de Roma.
  • Año 1294: Celestino V, originalmente un monje benedictino que prefería la vida contemplativa, fundador de la Orden de los Celestinos. Decidió renunciar al no poderse acostumbrar a la política curial y preferir la vida como ermitaño, tras cinco meses y seis días del inicio de su pontificado. Abdico el 13 de diciembre de 1294 y no existió opción dado que fue detenido, sometido a juicio y encarcelado en la torre del castillo de Fumone, cerca de Anagni, donde falleció el 19 de mayo de 1296.
  • Año 1415: Gregorio XII, obligado a renunciar en el Concilio de Constanza para dar fin al Cisma de Occidente. Abdico el 4 de julio de 1415 y murió el 18 de octubre de 1417, habiéndose retirado como Arzobispo de Porto. Tras su cese no se eligió nuevo Papa hasta un mes antes de su muerte, por lo que no existió controversia.

La renuncia de un Santo Padre está regulada en el  Código de Derecho Canónico (último texto aprobado durante el reinado de San Juan Pablo II) de la siguiente manera:

“Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie”. Los dos puntos fundamentales son, por lo tanto, la libertad y la manifestación debida. Libertad y manifestación pública, y el consistorio donde el Papa ha manifestado su voluntad, es público. ”

Código de Derecho Canónico, canon 332, párrafo 2.

Así las cosas, el 26 de febrero de 2013, el Su Eminencia Reverendísima el Cardenal Francesco Coccopalmerio, Presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, aclaró los detalles del nuevo protocolo pontificio respecto al tratamiento de Papa Emérito. Para ello, tras el anuncio de la renuncia de Benedicto XVI, durante dos semanas se debatió intensamente por los juristas vaticanos sobre el estatus del Papa tras su renuncia, llegando a las siguientes regulaciones:

1.- Denominación: Conservará su nombre de pontífice y el tratamiento de “Su Santidad”. Su título será “Papa Emérito” o “Romano Pontífice Emérito”.

2.- Anillo del pescador y Sello de plomo: Se anulan, trazando dos líneas formando una cruz. Ambos emblemas son entregados a la Secretaría de Estado de la Santa Sede para luego ser anulados por el Cardenal Camarlengo y sus auxiliares.

3.- Solideo: Continuará usando el solideo blanco pontificio.

4.- Palio y mitra: Al retirarse el Papa, deja de participar en eventos oficiales, por lo que estos símbolos dejan de usarse públicamente. Sin embargo, por su pertenencia al orden episcopal, puede usar la mitra, con cuando su presencia pública durante la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, en la cual utilizó la mitra junto a muchos otros miembros del episcopado).

5.-  Hábito talar blanco sencillo (se elimina la esclavina o capa sobre los hombros).

6.- Se dejarán de usar los tradicionales zapatos rojos.

7.- Cualquier otro símbolo del Pontífice se dejarán de usar, pasando al sucesor.

8.- Cámara papal, capilla privada, departamento papal, estudio papal y resto de aposentos papales: al momento de la renuncia, se sellan, hasta que el nuevo pontífice sea elegido por el cónclave, para entonces empezar la renovación de dichas estancias.

9.- Seguridad: A la renuncia, la Guardia Suiza Pontificia deja de custodiar al Papa Emérito, siendo a partir de ese momento obligación del Cuerpo de Gendarmería de la Ciudad del Vaticano.

10.- Residencia: Mientras dure el tiempo de sede vacante en Castel Gandolfo, una de las residencias oficiales del Papa, en tanto que no había todavía otro Pontífice. Elegido el nuevo Santo Padre el monasterio Mater Ecclesiae, que se encuentra en los jardines de la Ciudad del Vaticano, donde se trasladó el 2 de mayo de 2013.

Visto lo anterior es inadecuado e incorrecto referirse a un Rey de España que renuncia y sobre la que se aprueba la abdicación por las Cortes como “Rey Emérito” y también produce sana envidia lo prolijo y preciso del protocolo pontificio frente a la falta de norma y de detalle del protocolo español, algo sorprendente e inusual en nuestro Reino y para nuestra Monarquía. .

En España, sin embargo, el Real Decreto 898/1985 regula en el ámbito de la Universidad el tratamiento de “Profesor Emérito”. Más antiguamente, en Roma se  llamaba “eméritos” a los legionarios licenciados que disfrutaban de los privilegios y recompensa recibida por sus buenos servicios. Usualmente, aparte del botín que pudieran haber podido amasar en las diversas campañas, el general de turno otorgaba a sus soldados predilectos grandes concesiones de terreno expropiado en los países conquistados con lo que se fundaban verdaderas urbes con el licenciamiento de soldados tras el fin de campañas importantes.

Un ejemplo de este tipo de fundación lo presenta la actual Mérida, capital de la Comunidad Autónoma de Extremadura, que llevó el nombre de “Emerita Augusta” cuando se creó en el año 25 antes de Cristo para el asentamiento de los legionarios licenciados, todos con ciudadanía romana, lo que imprimió un especial y único carácter a la ciudad y a sus habitantes, un orgullo de ser de “Emérita” y un sentimiento colectivo de ciudadanía que persiste hasta la actualidad.

RODOLFO ORANTOS MARTIN

De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

 


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