THE CROWN. LA CORONA NOTICIAS. LA OTRA MEMORIA HISTÓRICA. CARLOS MÉNDEZ MERECE UNA CALLE EN MADRID.

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Los monárquicos no sólo fueron perseguidos durante la República y la Guerra Civil; algunos de ellos también se convirtieron en elementos «muy peligrosos» durante el franquismo. Varios monárquicos fueron condenados al destierro en las lejanas islas de El Hierro, La Palma o Fuerteventura. El periódico ABC y los periodistas que escribían en él también sufrieron en varias ocasiones la censura y el embargo, y fueron condenados a pagar multas, a tachar sus firmas o, en algún caso, al destierro. Pero quien pagó el precio más caro por defender sus ideas fue el joven Carlos Méndez González, que murió en extrañas circunstancias en la cárcel de Yeserías. Setenta años después, su muerte sigue en el olvido. Carlos militaba en las llamadas Avanzadillas Monárquicas, organización dirigida por Luisa María Narvaez, duquesa de Valencia y bisnieta del general Narváez. En febrero de 1948, el joven fue detenido por repartir octavillas de propaganda monárquica. Le encarcelaron en la prisión de Carabanchel, donde «fue incomunicado y privado de la medicación que necesitaba para el corazón», según relata Pedro Carvajal, hijo del conde de Fontanar, en su libro «La travesía de Don Juan» (Temas de Hoy). El fiscal pedía para el joven seis años de prisión. Al agravarse su salud, Carlos fue trasladado a la cárcel de Yeserías, donde dos médicos negaron que estuviera enfermo. El padre de Carlos, angustiado por la situación de su hijo, pidió un certificado al doctor Castellón en el que se advirtiera del grave riesgo al que se estaba exponiendo la vida del joven. Pero, cuando se disponía a presentárselo al capitán general, Carlos falleció. Algunas fuentes, como Philippe Nourri, asegurán que murió «después de haber sido demasiado sacudido por sus carceleros». Era el 7 de noviembre de 1948. La muerte de Carlos se conoció el mismo día en que el Príncipe Don Juan Carlos, entonces un niño de diez años cuya familia vivía en el exilio en Estoril, viajaba por primera a España. Mientras el niño se apeaba del tren en la estación de Villaverde, en la cárcel de Yeserías se formó el cortejo fúnebre, presidido por el general Kindelán, un militar que se enfrentó con Franco porque quería restaurar la Monarquía en España. En representación de Don Juan de Borbón, el Jefe de la Casa Real en el exilio, acudió el conde de Fontanar. El cortejo fúnebre acompañó al féretro de Carlos, cubierto con la bandera de España, hasta el cementerio de La Almudena, donde le despidieron unos dos mil monárquicos en un ambiente de alta tensión. Agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil les apuntaban con metralletas. Tras el entierro, muchos de esos monárquicos se dirigieron a la finca de Las Jarillas (carretera de Colmenar Viejo), donde se instaló el joven Príncipe, para darle la bienvenida.

La muerte de Carlos cambió los planes de Franco. El Jefe del Estado quería que el recién llegado Príncipe le visitara esa misma mañana en el Pardo antes de ir a Las Jarillas, pero en ese clima de tensión prefirió aplazar casi dos semanas el primer encuentro entre Franco y el niño. ABC no pudo publicar aquellos días la muerte de Carlos Méndez. La censura implacable limitó la noticia a un pequeño suelto en el que su familia participaba que el funeral por su eterno descanso se celebraría el sábado, 13 de noviembre de 1948, a las diez de la mañana, en la parroquia del Pilar. Y agradecía «los numerosos testimonios de pésame recibidos».

http://www.abc.es/espana/20150411/abci-ultimo-monarquico-murio-carcel-201504102018.html

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