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THE CROWN. LA CORONA NOTICIAS. TRES REALES DECRETOS EN TIEMPOS DE REPÚBLICA.

THE CROWN. LA CORONA NOTICIAS. TRES REALES DECRETOS EN TIEMPOS DE REPÚBLICA.

ABC número 19.924. Sábado, 15 de julio de 1967. Edición Andalucía, página 27

1.- Real Decreto de 25 de junio de 1933 concediendo el Condado de Odiel.

Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII concedió en el exilio con motivo de su matrimonio, a Marie Solange Messía y de Lesseps, hija de los Condes de Mora, nacida en Londres el 30 de noviembre de 1911 y casada el 25 de junio de 1933 con Su Alteza Real el Infante José Eugenio de Baviera y Borbón. Así el Condado de Odiel es un título nobiliario español creado por el Rey el  25 de julio de 1933, a favor de María de la Asunción Solange de Messía y de Lesseps, hija del XII Conde de Mora y casada con Su Alteza Real el Infante de España Don José Eugenio de Baviera y Borbón.  ​ Su nombre se refiere al río Odiel, en la Comunidad Autónoma de Andalucía. Las Condesas de Odiel han sido:

María de la Asunción Solange de Messía y de Lesseps.

I Condesa de Odiel. 1933/2005.

María Cristina de Baviera y Messía

II Condesa de Odiel. 2005/2014.

Myrta Márquez y de Baviera

III Condesa de Odiel. 2005/2019.

María Cristina “Crista” de Baviera, condesa de Odiel era prima segunda del Rey Don Juan Carlos I. En su funeral se vio a Sus Altezas Reales la Infanta Doña Pilar, la Infanta Doña Elena y la Princesa Inés de Las Dos Sicilias. Sin embargo este título, concedido inequívocamente por un Rey, Don Alfonso XIII, no fue ratificado por Don Juan Carlos I tras la restauración de la monarquía en 1978; quizás temeroso de la opinión popular ante lo que pudiera leerse como favores a sus parientes, que no ratificase el Condado de Odiel que las tres Condesas han llevado siempre a gran gala y con reconocimiento social de ejercicio y legitimidad a pesar de no ser una merced reconocida por el Ministerio de Justicia del Reino de España.

2.- Real Decreto de 16 de abril de 1936 concediendo el Infantado de España.

En el caso de Su Alteza Real la Infanta de España Alicia de Borbón y Austria, el Infantado de gracias es concedido en el exilio por Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII en abril de 1936 mediante Real Decreto con motivo de su casamiento, Real Decreto de 16 de abril de 1936. Ese Real Decreto, Derecho Dinástico Privado, otorgado cuando España era una República no ha sido trasladado al cuerpo legal del Estado mediante norma alguna y sin embargo se concede oficialmente el tratamiento y los honores de Infanta a su beneficiaria, con motivo de sus funerales esta primavera de 2017. En este caso si se ha producido el paso de la dignidad del ámbito del Derecho de Familia al Derecho Público Dinástico, si bien no ha mediado expreso reconocimiento o ratificación, lo que no deja de ser un agravio comparativo con respecto al caso anteriormente reseñado.

3.- Real Decreto de 23 de enero de 1936 instituyendo la Regencia

Don Alfonso Carlos Fernando José Juan Pío de Borbón y de Austria-Este, por la gracia de Dios legítimo sucesor en los Reinos, Condados y demás títulos soberanos de las Españas, Caudillo de la Comunión Tradicionalista, secular sustentadora de la Legitimidad, a mi Jefe Delegado en España, Consejo, Delegados especiales, autoridades regionales, provinciales y locales, diputados y concejales, veteranos, “Margaritas”, requetés y juventudes, asociaciones tradicionalistas y todos los leales, tanto los que ahora son como a los que en lo sucesivo fueren y a cuantas personas en algún modo debe y pueda hacer referencia lo que a continuación dispongo.

SABED:

Que la fidelidad constante de Mi ánimo, asistida de activa y perseverante voluntad en el cumplimiento del deber de dar legitima y conveniente solución a la continuidad dinástica de la Causa, hoy vinculada en Mi Persona, no ha sido bastante hasta el día para conseguir la determinación del Príncipe de Asturias en quien concurran, tanto por el imperio del Derecho como por su segura y deliberada adscripción y pública aceptación, todos los requisitos indispensables de principio y de política garantía.

Tan grave dificultad, ajena a Mi más vehemente deseo y continuado y diligente esfuerzo, no es sino prueba providencial, a través de la cual Dios Nuestro Señor prepara los días de grandeza española, así como el reinado venturoso y sin par de los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, Mis mayores, siguió a otra época de turbadoras oscuridades públicas.

Mas el deber Mío no quedaría, por cuanto de Mi propia acción depende, completamente cumplido si, absorbido en el propósito de conseguir la solución perfecta, ante las dificultades con que ésta tropieza por circunstancias de diferente naturaleza que concurren en cada uno de quienes sucesivamente el sólo, pero insuficiente, título de la sangre llama a Mi sucesión, dejase de prever la posible terminación de Mi vida antes de conseguirlo, y no proveyese en momento oportuno a eventualidad tan grave, dejando desamparada y huérfana de monárquica autoridad indiscutible, siquiera sea provisoria, a la Santa Causa de España.

La Historia de las antiguas Leyes Me aconsejan, sin cejar por ello en la continua y apremiante atención a dar solución más definitiva por Mí mismo y durante Mi vida, a prevenir las disposiciones siguientes:

Primera.— Si al fin de mis días no quedase Sucesor legítimamente designado para continuar la sustentación de cuantos derechos y deberes corresponden a Mi Dinastía conforme a las antiguas Leyes Tradicionales y al espirita y carácter de la Comunión Tradicionalista, instituyo con carácter de Regente a Mi muy querido sobrino Su Alteza Real don Javier de Borbón Parma, en el que tengo plena confianza por representar enteramente nuestros principios, por su piedad Cristiana, sus sentimientos del Honor, y a quien esta Regencia no privaría de su derecho eventual a la Corona.

Segunda.— El Regente reiterará en público manifiesto el solemne juramento que Me tiene prestado de regir en el interregno los destinos de nuestra Santa Causa y proveer sin más tardanza que la necesaria la sucesión legítima de Mi Dinastía, ambos cometidos conforme a las Leyes y usos históricos y principios de Legitimidad que ha sustentado durante un siglo la Comunión Tradicionalista.
Tercera.— Tanto el Regente en su cometido, como las circunstancias y aceptación de Mi Sucesor, deberán ajustarse, reputándolos intangibles, a los fundamentos de la Legitimidad española, a saber:

1.° La Religión Católica, Apostólica, Romana, con la unidad y consecuencias jurídicas con que fue amada y servida tradicionalmente en nuestros Reinos.

2.° La constitución natural y orgánica de los Estados y cuerpos de la sociedad tradicional.

3.° La federación histórica de las distintas regiones y sus fueros y libertades, integrante de la unidad de la Patria española.

4.° La auténtica Monarquía tradicional, legítima de origen y de ejercicio.

5.° Los principios y espíritu y, en cuanto sea prácticamente posible, el mismo estado de derecho y legislativo anterior al mal llamado derecho nuevo.

Cuarta.— Ordeno a todos la unidad más desinteresada y patriótica en la gloriosa e insobornable Comunión Católico-Monárquico-Legitimista, por difíciles que sean las circunstancias futuras, para mejor vencerlas y alcanzar la salud de la Patria por el único camino cierto, que es el triunfo de la Causa inmortal, a la que tan insignes sacrificios ha ofrecido nuestra Comunión en una centuria y a la que Mi Dinastía ha servido y a la que Yo sirvo con tanta lealtad como requiere Mi conciencia para merecer bien de España y de Dios Nuestro Señor, ante cuyo Trono espero rendir cumplido descargo de Mis graves deberes.

Dado en el Destierro, a veintitrés de Enero de mil novecientos treinta y seis.

Alfonso Carlos.

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