Redacción Cáceres, 20 de febrero de 206.
Uno de cada cinco extremeños vive en exclusión social. El nuevo IX Informe FOESSA, presentado por Cáritas Regional de Extremadura y la Fundación FOESSA, dibuja una radiografía cruda: la desigualdad ya no es un aviso, sino un sistema que encalla vidas enteras.
Extremadura retrocede en silencio. La clase media se achica. La vivienda presiona como nunca. Y trabajar —algo que debería garantizar dignidad— ya no rescata a miles de familias del borde del abismo.
La vivienda, el epicentro del terremoto social
El informe lo deja claro: 22% de la población sufre exclusión vinculada a la vivienda. Entre 2018 y 2024, comprar casa es un 20% más caro, y tras pagar techo y suministros 34.000 hogares caen directamente en la pobreza severa.
“La vivienda se ha convertido en el epicentro de la desigualdad y exclusión”, alertó Marina Sánchez-Sierra, del equipo técnico de FOESSA.
En el alquiler la presión es aún más asfixiante: el 37% de quienes viven arrendados está en riesgo de pobreza. La inseguridad habitacional ya no es coyuntural: es estructural.
Trabajar… y seguir siendo pobre
Que suba la ocupación no significa que suba la vida.
17% de los hogares extremeños está afectado por exclusión en el empleo.
Extremadura sostiene la segunda tasa de paro femenino más alta de España, mientras el sector primario —motor histórico— ha perdido 12.800 trabajadores en seis años.
“Se trabaja más, pero trabajar ya no garantiza salir de la rueda de la exclusión”, insistió Sánchez-Sierra.
El empleo ya no integra: acumula grietas. Y por esas grietas se cuela el futuro de muchos.
La salud, el espejo de la desigualdad
La exclusión también enferma.
184.000 personas sufren exclusión sanitaria:
- Más del 10% de los hogares renuncia a tratamientos o dietas por no poder pagarlas.
- Los hogares donde alguien pasa hambre se han triplicado desde 2018.
- El 14,4% declara mala o muy mala salud mental.
- En exclusión severa, la cifra estalla: 15% frente al 2% del resto.
La salud mental ya no es un síntoma: es una alerta roja.
La brecha generacional: infancia y jóvenes, los más golpeados
La exclusión infantil alcanza el 30%, triplicando la tasa de las personas mayores.
La juventud extremeña vive una transición rota: empleos inestables, salarios precarios y un acceso a la vivienda cada vez más imposible.
Ser joven en Extremadura significa cargar con un riesgo que no han elegido.
Dos caminos: avanzar o fracturarnos del todo
El informe interpela, cuestiona y advierte. Extremadura puede seguir alimentando el individualismo y la fragmentación… o apostar por políticas que construyan cohesión, cuidados y responsabilidad compartida.
LUPA DEx
Lo que revela de verdad el informe
- 200.000 personas excluidas no es una estadística: es un fracaso colectivo.
- La vivienda se ha convertido en una barrera más dura que el empleo.
- La brecha generacional ensancha el futuro: niños y jóvenes pagan el mayor precio.
- La salud mental es ya el termómetro más fiable de la desigualdad.
- Y la región no puede permitirse mirar para otro lado mientras se rompen los cimientos sociales.
Extremadura necesita una estrategia valiente, transversal y urgente.
Y necesita —como dicen desde Cáritas y FOESSA— “cuidado mutuo, equidad y responsabilidad común”.
Todo lo demás es seguir excavando la misma grieta.
Trabajar… y seguir siendo pobre





