somalies 2

Un párroco de Badajoz planta cara a la inacción institucional y acoge a once jóvenes de Malí

“Todos tenemos la misma dignidad”

Redacción DEx, Badajoz, 9 de febrero de 2026. 

En pleno diciembre, cuando las noches caían húmedas y cortantes sobre Badajoz, once jóvenes de Malí dormían como podían en distintos rincones de la ciudad. La historia habría quedado ahí —otra más de tantas— si no fuera por Miguel Gamín, párroco de la Iglesia de María Auxiliadora, que decidió que aquella realidad no podía tolerarse desde la distancia ni desde la resignación.

Lo supo a través de un mensaje en un grupo de WhatsApp. “Aquello me interpeló, fue una bofetada”, recuerda. Y decidió actuar: ofreció un local de Cáritas para que los chavales dejaran la calle. No pidió permiso. No esperó instrucciones. Solo aplicó un principio que, para él, está por encima de cualquier cálculo: “Todos, absolutamente todos, tenemos la misma dignidad.”

somaliesUn refugio improvisado… que ya dura más de dos meses

El local cedido por Cáritas se convirtió en hogar provisional. Cruz Roja aportó camastros, sacos de dormir y mantas. Las comidas principales las realizan en el comedor social de Martín Cansado, mientras Miguel se encarga del desayuno, la cena y hasta de gestionar un espacio para que puedan ducharse diariamente.

Pero el improvisado refugio se ha cronificado: han pasado más de dos meses y ninguna administración ha ofrecido una solución.
“El Ayuntamiento tiene estructuras y no entiendo por qué no actúa. Ese es el nudo de la cuestión”, señala el párroco con evidente frustración.

Humanidad cotidiana: bailes, fútbol y una Nochevieja inolvidable

Miguel habla de los jóvenes con alegría serena.

La Nochevieja, asegura, fue “la mejor en muchos años”:

“Yo fui muy feliz viendo cómo bailaban.”

Entre partidos de la Copa de África y encuentros con alumnos de un colegio, se ha tejido un vínculo inesperado. “Muy beneficioso para ambos lados”, resume.

Un mensaje contra el odio y el ruido político

El párroco no rehúye el análisis. Critica con severidad a quienes alimentan discursos de odio contra la inmigración:

Se está usando la táctica del chivo expiatorio para desviar la atención sobre las verdaderas causas del malestar social.”

Y deja un recordatorio dirigido a quienes invocan raíces cristianas para justificar exclusiones:

La civilización cristiana se defiende practicando los valores del evangelio.”

La ética de no mirar hacia otro lado

Miguel sabía que se “metía en un lío”. Lo volvió a hacer aun así. Y hoy no se arrepiente. “No podía pasar de largo”, confiesa.

Mientras la administración sigue sin mover ficha, once jóvenes de Malí duermen bajo techo gracias a un cura que decidió que la dignidad —la suya y la de ellos— no es negociable.

Fuente: COPE EXTREMADURA