El CP Cacereño ya es, de forma matemática, equipo de Primera Federación por segunda temporada consecutiva. No lo hizo de cualquier manera. Lo hizo sufriendo, resistiendo y creyendo hasta el final, como lo ha hecho toda la temporada. En una tarde para la historia verdiblanca, el conjunto de Julio Cobos remontó en el Ruta de la Plata al Zamora (1-2) para certificar una permanencia que hace apenas unas semanas parecía una misión imposible.
La imagen final lo resumía todo. Jugadores tirados sobre el césped y cerca de un millar de cacereños abrazados en las gradas celebrando como el ascenso del año pasado. Porque esta salvación sabe a algo más grande. Sabe a orgullo, a resistencia y a recompensa después de un año durísimo para un club debutante en una categoría tan exigente como la Primera Federación.
Han sido meses de dudas, de jornadas eternas en descenso y de golpes difíciles de encajar. También ha sido un año de aprendizaje para todos: para el club, para una ciudad que volvió a respirar fútbol grande y para figuras claves como Julio Cobos y el presidente Carlos Ordóñez, que mantuvieron la calma y la confianza incluso cuando todo parecía derrumbarse.
El partido comenzó con un Zamora dominador, demostrando desde el primer minuto por qué llegaba con cinco victorias consecutivas y peleando por la segunda posición. Los locales manejaban el balón, encontraban espacios y sometían a un Cacereño incomodo durante buena parte de la primera mitad.
La resistencia verdiblanca aguantó hasta el minuto 38. Ahí apareció Kike Márquez, exjugador del Extremadura, para adelantar a los zamoranos y poner justicia a una primera parte favorable a los locales. El gol dejaba tocado al Cacereño, obligado una vez más a remar contracorriente. Pero este equipo ya había aprendido a convivir con el sufrimiento.
En la segunda parte todo cambió. Julio Cobos movió el tablero y llegó la reacción. El equipo comenzó a ganar metros, a sentirse más cómodo y a discutirle el partido a un Zamora que ya no encontraba las mismas facilidades.
Corría ya el minuto 72, Pau Palacín encontró a Diego Gomez, que se fabricó la jugada con un autopase brillante para quedarse solo ante Sobrón, el disparo tocó el palo antes de acabar dentro de la portería, junto al estallido de la grada verdiblanca que no dejó de animar ni un solo instante y que empezó a creer en que la permanencia podía sellarse en ese mismo partido.
El empate no frenó al Cacereño. Todo lo contrario. Los verdiblancos siguieron insistiendo mientras en otros campos se mantenían los resultados que acercaban todavía más el objetivo.
Minuto 89. Un mal despeje de la defensa zamorana dejó el balón muerto en la frontal, donde apareció Javier Ajenjo, que armó un disparo cruzado imposible para el guardameta. Delirio en las gradas y en el césped de un equipo que empezaba a ver la salvación más cerca que nunca.
Con el pitido final llegó el éxtasis al Ruta de la Plata. Jugadores corriendo hacia la grada, abrazos imposibles y una explosión de felicidad contenida durante toda la temporada. El Cacereño certificaba matemáticamente la permanencia en Primera Federación a falta de una jornada. Una permanencia que ya forma parte de la historia del club.
La fiesta continuó fuera del estadio, donde decenas de aficionados esperaron al equipo para sacarse fotos con los protagonistas y darles las gracias por su lucha durante toda la temporada.
Ya pasadas las 11 de la noche, plantilla y afición volvieron a reunirse en la Fuente Luminosa de Cáceres, donde hace poco menos de un año celebraron el ascenso y en el día de ayer, el cacereñismo celebró mucho más que una permanencia.






