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Paloma San Basilio, El Brujo y Els Joglars lideran el Festival Clásico de Cáceres más ambicioso de los últimos años

Cáceres convierte junio en un escenario total

Junio volverá a oler a piedra caliente, focos encendidos y aplausos bajo las estrellas en Cáceres. Mientras medio país discute deprisa y consume cultura en fragmentos de quince segundos, el Festival de Teatro Clásico propone algo casi revolucionario: detenerse, escuchar palabras escritas hace siglos y descubrir que todavía hablan de nosotros. Quizá incluso demasiado.

La ciudad monumental despliega 21 espectáculos, tres estrenos absolutos y una programación que mezcla teatro, música, sátira y emoción en plazas, palacios y rincones históricos.

Paco de Borja, Cultura, DEx. junio 2026.

Hay festivales que programan obras. Y hay otros que convierten una ciudad en una respiración colectiva. El 37º Festival de Teatro Clásico de Cáceres pertenece a esa segunda categoría. Del 5 al 30 de junio, la capital cacereña volverá a demostrar que las piedras antiguas también saben dialogar con el presente, incluso con este presente acelerado, crispado y digital donde todo parece durar menos que un aplauso a destiempo.

El certamen, organizado por el Consorcio del Gran Teatro, bajo la dirección de Marisa Caldera,  llega este año con una programación poderosa, inteligente y emocionalmente muy bien armada: 21 espectáculos, tres estrenos absolutos y nombres capaces de llenar titulares, patios de butacas y conversaciones de madrugada. Ahí están Paloma San Basilio, Rafael Álvarez El Brujo, Els Joglars o Pepe Viyuela encabezando una edición que no pretende vivir del pasado, sino utilizar los clásicos como espejo incómodo del presente.

Porque eso es precisamente lo que late en esta edición: la idea de que Cervantes, Calderón, Lope o la picaresca siguen describiendo demasiadas cosas del país contemporáneo.

La inauguración oficial tendrá lugar el 4 de junio en la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, aunque el gran disparo escénico llegará el día 11 con Romeo y Julieta en versión ballet, ocupando, por fin,  la recoleta plaza de San Jorge con la música eterna de Prokófiev y la dirección de Aleksey Bogutskiy. Una apertura elegante, visual y rotunda para un festival que vuelve a sacar el teatro de las salas tradicionales y repartirlo por toda la ciudad monumental.

El Gran Teatro acogerá uno de los grandes focos mediáticos de esta edición: Dulcinea, escrita expresamente por Juan Carlos Rubio para Paloma San Basilio. La artista se mete en la piel de la mujer imaginada por Don Quijote para desmontar mitos, nostalgias y silencios. Lo hará acompañada al piano por Julio Awad, en una propuesta íntima que promete atraer tanto a amantes del teatro como a seguidores de la música de autor y la escena clásica contemporánea.

Pero si hay una figura que mantiene un vínculo casi sentimental con el festival cacereño, ese es El Brujo. Su regreso con Lazarillo de Tormes vuelve a colocar la ironía, la crítica social y el humor inteligente en el centro del escenario. Hay actores que interpretan textos. Y luego están quienes los mastican, los viven y los lanzan al público como si acabaran de escribirse ayer.

Otro de los momentos más esperados llegará el 26 de junio con Els Joglars. La histórica compañía celebra 65 años sobre las tablas reinterpretando Retablo de las maravillas, de Cervantes, en una sátira afilada dirigida contra los nuevos farsantes de la sociedad contemporánea. Gurús, vendedores de humo, iluminados y personajes fabricados para redes sociales desfilan por una propuesta que promete provocar risas incómodas y aplausos largos.

El festival también refuerza su apuesta por la producción propia y la creación contemporánea con tres estrenos absolutos. Destaca Pândiga, coproducción luso-extremeña que conecta la llegada del pueblo gitano al Portugal del siglo XVI con los actuales movimientos migratorios europeos. Teatro clásico hablando, sin maquillaje, del siglo XXI.

Junto a la Escena Clásica convivirán conciertos barrocos, espectáculos infantiles, talleres, cine en la Filmoteca y propuestas paralelas que convierten a Cáceres en una auténtica ciudad-festival. Porque aquí el teatro no se limita a un escenario: se derrama por plazas, patios, museos y conversaciones.

Y quizá ahí resida el verdadero secreto de este Festival Clásico de Cáceres: en demostrar que los clásicos no envejecen. Los que envejecemos somos nosotros.

LUPA DEx

Lo que convierte esta edición en una de las más potentes

  • 21 espectáculos repartidos durante casi un mes.
  • Tres estrenos absolutos con presencia extremeña e internacional.
  • Escenarios únicos: Plaza de San Jorge, Gran Teatro de Cáceres, Museo de Cáceres o Filmoteca de Extremadura.
  • Presencia de grandes figuras nacionales del teatro y la música.
  • Programación familiar, musical y experimental paralela.
  • Clausura solidaria a beneficio de la AECC.