La inquietud ya no circula solo por los pasillos del CADEX de Cáceres. Ha saltado a las redes, a los grupos de familias y ahora también a una campaña pública en Change.org que supera las 1.300 firmas. Detrás de cada apoyo hay una mezcla de ansiedad, cansancio y temor muy concreto: que una interrupción terapéutica de varios meses provoque pérdidas funcionales difíciles —o imposibles— de recuperar.
Redacción DEx, Periodismo Humano, 27 de mayo de 2026.
Las familias denuncian el anunciado final de los tratamientos de atención temprana y habilitación funcional en el centro cacereño, especialmente en áreas tan sensibles como fisioterapia, logopedia y terapia ocupacional. Y lo hacen con un argumento difícil de rebatir desde la experiencia cotidiana: en muchas patologías neurológicas y neurodegenerativas, detener la terapia no es “esperar”, sino retroceder.
El miedo a las listas de espera
El principal foco de alarma está en la derivación hacia entidades externas. Según explican usuarios y familiares, muchos de esos recursos ya arrastran listas de espera de tres y hasta cuatro meses. Para cualquier persona, ese plazo puede parecer administrativo. Para alguien con daño neurológico, un trastorno del desarrollo o una enfermedad degenerativa, puede convertirse en un deterioro acelerado.
Hay familias que hablan ya de pérdida de movilidad, regresiones en lenguaje o dificultades para mantener rutinas básicas si la atención se interrumpe. El mensaje que trasladan es claro: no reclaman un privilegio, sino continuidad clínica.
“Ninguna persona debería ver interrumpida su atención por motivos económicos o administrativos”, sostienen los afectados, que consideran insuficiente la alternativa planteada desde el SEPAD mediante fórmulas de copago temporal vinculadas a la Ley de Dependencia.
El choque con el modelo MADEX
Uno de los elementos más repetidos por las familias es la aparente contradicción con el llamado modelo MADEX, impulsado precisamente para defender una atención personalizada, especializada y continuada para personas con discapacidad.
Ahí aparece una de las grandes preguntas de fondo: si el sistema reconoce que la continuidad terapéutica es esencial, ¿cómo puede asumir con normalidad meses de espera entre tratamientos?
La Junta de Extremadura insiste en que ningún usuario quedará sin atención y que ninguna familia verá suspendidos los tratamientos. Pero la desconfianza sigue creciendo entre quienes llevan años dependiendo de estas terapias para sostener avances que costaron muchísimo tiempo y esfuerzo.
Mucho más que rehabilitación
El conflicto del CADEX no habla únicamente de organización sanitaria. Habla de autonomía, de dependencia sobrevenida y de desgaste emocional. Hay padres que temen volver atrás después de años de evolución lenta. Hay adultos con enfermedades neurológicas que sienten que vuelven a quedar atrapados en la incertidumbre burocrática.
Y hay una sensación que empieza a repetirse con demasiada frecuencia en Extremadura: la de familias obligadas a movilizarse públicamente para defender servicios que consideran esenciales.
Porque cuando una terapia desaparece durante meses, el reloj biológico no se detiene esperando a la administración.






