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La picota del Jerte  conquista los mercados con una cosecha histórica

La DOP Cereza del Jerte inicia la certificación de sus primeras picotas con una previsión de 3,5 millones de kilos. La campaña coincide con el 30 aniversario del sello de calidad y llega con un producto de extraordinario sabor, firmeza y prestigio gastronómico.

Redacción DEx, Valle del Jerte, 17 de junio de 2026.

La espera ha terminado. El fruto más emblemático del norte de Extremadura vuelve a ocupar los mostradores y a despertar la expectación de consumidores y amantes de la gastronomía. La picota del Valle del Jerte inicia oficialmente su andadura comercial con el respaldo de la Denominación de Origen Protegida (DOP), que ya ha comenzado a certificar las primeras partidas de una campaña que promete calidad sobresaliente y una producción cercana a los 3,5 millones de kilos.

Este año, además, la llegada de la picota tiene un valor añadido. Se cumplen tres décadas desde que la DOP Cereza del Jerte comenzó a garantizar el origen y la excelencia de uno de los productos agroalimentarios más prestigiosos de Extremadura y de España.

Una campaña marcada por la excelencia

Las primeras picotas certificadas han superado con nota los controles de calidad y, según destaca el presidente del Consejo Regulador, José Antonio Tierno, las lluvias registradas durante el mes de mayo apenas han afectado a este fruto tan singular.

Las piezas presentan una extraordinaria firmeza, una textura crujiente y ese sabor dulce e intenso que ha convertido a la picota en una referencia gastronómica dentro y fuera de nuestras fronteras.

Aunque algunas variedades de cereza sufrieron daños importantes por las precipitaciones, especialmente la Van, la campaña de la picota mantiene unas perspectivas muy positivas gracias al buen comportamiento de las variedades tradicionales amparadas por la denominación.

El secreto de una fruta única

No todas las cerezas son picotas. Y no todas las picotas nacen en el Jerte.

El secreto reside en una combinación casi irrepetible: altitud, clima, tradición agrícola y una forma de recolección heredada de generación en generación. La picota madura más lentamente, permanece más tiempo en el árbol y se desprende de manera natural del pedúnculo, lo que explica su característica ausencia de rabito.

Ese pequeño detalle visual se ha convertido en un sello de identidad que los consumidores reconocen inmediatamente y que distingue a esta fruta gourmet en cualquier mercado.

Las cuatro variedades protegidas por la DOP —la exquisita Ambrunés, Pico Negro, Pico Limón y Pico Colorao— concentran siglos de saber agrícola y representan uno de los grandes tesoros del campo extremeño.

El Valle del Jerte vive de sus cerezas

Más allá de su extraordinaria calidad, la cereza y la picota son el auténtico motor económico del valle. Miles de familias dependen directa o indirectamente de esta actividad, que constituye una pieza esencial para mantener la población y la vida en los pueblos de montaña del norte cacereño.

La campaña moviliza empleo, impulsa la economía local y proyecta la imagen del Valle del Jerte como uno de los paisajes agrícolas más admirados de España.

Cada caja certificada lleva detrás la historia de generaciones de agricultores que han sabido convertir una fruta en una auténtica seña de identidad.

Treinta años defendiendo el origen

La DOP Cereza del Jerte celebra este año su 30 aniversario reafirmando su compromiso con la calidad y la autenticidad.

El sello garantiza que cada picota procede exclusivamente del Valle del Jerte y ha sido cultivada siguiendo prácticas tradicionales y estrictos controles de calidad.

Tres décadas después, la picota sigue siendo mucho más que una fruta: es el orgullo de una tierra, el sabor del verano extremeño y uno de esos pequeños lujos naturales que cada año esperan miles de consumidores.

Porque hay cerezas. Y luego está la picota del Jerte. La más deseada. La que, por fin, ya ha vuelto.