DE LA COSTA A LA MONTAÑA, DESDE MARRAKECH

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MARRAKECH.

http://www.youtube.com/watch?v=eTw3EqJaLFw&feature=youtu.be

[Img #24380]

Marrakech posee, en su Medina (que la UNESCO
calificó como Patrimonio Mundial en 1985), multitud de zocos donde es posible
comprar, oler, sentir y ver de todo lo imaginable e inimaginable. En ellos, el
tiempo no existe; ni el mal humor, si no es el importado por el visitante o
provocado por el turista empeñado en indiscretas fotografías; tampoco se conoce
la exactitud en precios, sometidos a un amigable y hasta agradecido regateo.

Se desparraman alrededor de la Plaza de Djemaa
El Fna (Obra Maestra del Patrimonio Oral, Inmaterial e Intangible de la
Humanidad desde 2001, llena de magia y multitudes a cualquier hora), ocupando
un amplio espacio al norte de la misma, con una trama de calles, callejas,
callejuelas, corralas, pasadizos, adarves, becos… formando un dédalo
endiablado, donde se hace casi necesario ir dejando el hilo de Ariadna para no
perderse y poder regresar al punto de partida.

Olores, colores, sabores, presencias de todo
tipo en personas y productos, forman un todo amalgamado, que hay que vivirlo
con pasión, tranquilidad y disposición a cualquier sorpresa, siempre controlada
y apacible.

Pero en este aparente caos el orden prima: en
la colocación de los productos, en la especialidad por calles y sectores, en la
disposición de vendedores, proveedores, afanados artesanos…

Son de admirar sus palacios, siendo el Palais
de la Bahía una joya del siglo XIX fuera de lo común. O las Tumbas Saädiens,
del siglo XVI, pero “ocultas” hasta principios del XX. O las innumerables
mezquitas, entre las que sobresale La Koutoubia, del siglo XII, cuyo minarete
almohade de 77 metros tanto recuerda a la Giralda de Sevilla. O sus murallas de
adobe rojo, del mismo siglo, con 17 kilómetros de longitud, entre 8 y 10 metros
de altura y un espesor de 1,60 a 2 metros. O sus espléndidos jardines…

Aún así, yo me quedo con el palpitar del gentío
de esa mítica Plaza y de los zocos, su música, sus cantos, su intenso vocerío,
su ajetreo.

Por otra parte, Marrakech es punto de partida
para escapadas tentadoras.

 

ESSAOUIRA.

http://www.youtube.com/watch?v=TQec1nNH5jM&feature=youtu.be

[Img #24381]

A 180 kilómetros al oeste se encuentra la
Ciudad-fortaleza de Essaouira, cuya Medina también fue clasificada como
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001.

Por el camino, llegando a esta ciudad costera,
contemplamos a un lado y otro extensos campos de argán, que también llevó a la
UNESCO a otorgarle la apreciada calificación de Reserva de la Biosfera
Arganeraie, en 1998. Este árbol, endémico de los semidesiertos calcáreos, posee
un fruto de piel espesa y amarga que envuelve a una almendra, cuyo aceite es
muy apreciado por sus valores alimenticios y cosméticos; jabones, cremas,
lociones… cuidan la piel, el cabello, regulan el colesterol, reduce la
hipertensión… y dan trabajo a buen número de mujeres agrupadas en cooperativas,
que desarrollan un trabajo artesanal que no difiere mucho del realizado en la
Edad Media, ni siquiera al modelo neolítico.

La fortificación de Essaouira, del siglo XVIII,
sustituyó y amplió la inicial de 1507, construida por los portugueses en su
ocupación de la ciudad. Curiosamente, los cañones defensivos son de fabricación
holandesa y española.

Dentro está su extraordinaria Medina medieval,
llena de calles laberínticas, plazoletas, mercados, baños, hotelitos,
restaurantes donde comer a precios moderados el magnífico pescado de su puerto,
el más importante de Marruecos, por la cantidad, variedad y calidad de las
capturas.

Este puerto es un lugar privilegiado. Delicioso
para los amantes del pescado de todo tipo, mariscos de todos los tamaños… ¡Y
qué vistas desde allí a la ciudad y al mar, con las bandadas de gaviotas
siempre planeando! Al lado, una playa inmensa siempre frecuentada por nativos y
turistas, de arena fina y aire reparador para los calores del verano, que aquí
bajan 10 grados con respecto al interior.

 

VALLE DE OURIKA.

http://www.youtube.com/watch?v=9PNSe4SK7VY&feature=youtu.be

[Img #24382]

Hacia el sur de Marrakech se extiende la
inmensa cordillera del Alto Atlas. Lo tentador es atravesarla para acceder al
otro lado de estos picos que sobrepasan los 4.000 metros de altura, y llegar
hasta Ouarzazate, a la orilla del desierto; visitar en las cercanías las
magníficas kasbahs (ciudades-fortalezas, que servían de amparo a los caravaneros).
Pero eso implicaría -para saborearlo a placer- hacer noche en la zona, lo que
es, sin duda, una opción tentadora.

Pero si se desea regresar el mismo día, mejor
decidirse por las faldas del Alto Atlas en su vertiente norte. Y así, tenemos
el Valle de Ourika, a unos 100 kilómetros de Marrakech, al sureste.

Está cortado por el río del mismo nombre, que
forma extraordinarias cascadas en un terreno fuertemente erosionado, con buen
número de fósiles terciarios, que incluso vemos en las fracturas del terreno,
especialmente en las raíces petrificadas que retienen la tierra en los cortes
verticales de la misma.

Las cascadas son impresionantes, pudiendo
acercarnos a las mismas en barcas dispuestas para ello en la laguna que abajo
se forma. Y es posible comer casi al borde de las mismas en deliciosos
restaurantes donde te ofrecen harira, cuscús,  tajines
y brochetas de cordero, té verde y dulces de almendra, sésamo y
miel, a precios que no son los acostumbrados “abusos de turistas” de otras
latitudes.

En el camino, numerosos pueblos ofrecen el
atractivo de sus construcciones a la vera de la carretera, llenos de tiendas
para todo, almacenes, talleres, gente en la calle, niños en las cercanías
siempre jugando al fútbol. Y es posible toparse con un mercadillo abierto en
alguno, pues se suele disponer cada día de la semana en uno diferente. Allí, la
compra-venta es apabullante: todo tipo de productos artesanales, hortícolas;
ovejas y gallinas vivas que te preparan al instante, limpiándolas y despiezándolas
a demanda; multitud de burros donde acarrean los productos para vender y los
que se han comprado; zonas para comer lo que se adquiere; música, griterío.

Una oferta, en fin, extraordinaria, combinando
ciudad tumultuosa con pueblos apacibles; costa con montaña; zocos abigarrados
con valles donde la simpatía bereber está presente a cada paso. ¡Ah!, cuidado,
no llevar naranjas por los senderos del valle de las cascadas: los monos que
habitan por los árboles de este territorio son especialmente propensos a
subírsenos encima para hacerse con alguna.

http://moisescayetanorosado.blogspot.com/

 


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